Roerich N.K. – Everest
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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La obra presenta una cadena montañosa imponente, dominada por picos nevados que se alzan contra un cielo azul profundo y casi uniforme. La representación no busca el realismo fotográfico; más bien, se inclina hacia una abstracción sutil donde las formas son simplificadas pero reconocibles. El artista ha empleado una paleta de colores fríos: azules en diversas tonalidades para el cielo y las sombras de la montaña, blancos y grises para la nieve, y negros y marrones oscuros para las rocas inferiores.
La luz parece incidir directamente sobre los picos nevados, creando un fuerte contraste con las áreas sombreadas y enfatizando su volumen y altura. La base de la montaña, representada en tonos más oscuros, sugiere una presencia sólida y terrenal que contrasta con la etérea calidad del cielo y la nieve.
Se observa una capa nebulosa o brumosa que envuelve parcialmente la base de las montañas, lo cual añade profundidad a la composición y crea una sensación de misterio e inaccesibilidad. Esta niebla también puede interpretarse como un velo que separa el mundo terrenal del dominio celestial representado por los picos más altos.
La ausencia de figuras humanas o elementos naturales adicionales (árboles, animales) concentra la atención en la monumentalidad de la naturaleza y su poderío. La pintura evoca una sensación de soledad, silencio y contemplación ante la inmensidad del paisaje.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una metáfora de la aspiración humana, el desafío a los límites personales y la búsqueda de trascendencia. Los picos nevados, difíciles de alcanzar, simbolizan metas elevadas y la superación de obstáculos. La frialdad de los colores y la atmósfera austera sugieren un camino arduo y exigente, pero también una recompensa espiritual o intelectual al lograr el ascenso. La obra no celebra tanto la conquista física como la introspección y la conexión con lo sublime.