Part 1 – Anton Raphael Mengs (1728-1779) - Self-Portrait
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La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y rojizos que se funden en las sombras del fondo oscuro. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de recogimiento y solemnidad. La vestimenta, un manto rojo drapeado sobre un cuello con pañuelo anaranjado, aporta un toque de dignidad y formalidad, sin llegar a ser ostentosa. El tejido parece tener cierta textura, captada mediante pinceladas sueltas que sugieren movimiento y volumen.
El cabello, abundante y rizado, enmarca el rostro y se extiende hacia atrás, contribuyendo a la sensación de dinamismo dentro del conjunto. La técnica pictórica es precisa y detallista, especialmente en la representación de los rasgos faciales y la textura de la piel. Se observa una atención meticulosa al estudio de la luz y su efecto sobre las superficies, creando un juego de claroscuros que modela el rostro y le confiere profundidad.
Más allá de la mera representación física, esta pintura parece transmitir una reflexión sobre la identidad del artista y su lugar en el mundo. La mirada directa, aunque serena, sugiere una búsqueda interior, una introspección profunda. El fondo oscuro, casi ausente, concentra la atención en la figura central, enfatizando su individualidad y su conexión con un universo de ideas y emociones. Se intuye una cierta humildad en la presentación, una renuncia a la grandilocuencia que podría haber caracterizado otros retratos de época. La obra, por tanto, no solo es un autorretrato, sino también una declaración sobre el papel del artista como intelectual y observador de su tiempo.