Carlos Saenz De Tejada – #41668
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A la izquierda, dos mujeres dialogan; una sostiene un bebé envuelto en paños, mientras la otra parece ofrecer algún producto que lleva en una cesta de mimbre. Sus ropas, sencillas pero con detalles de color (el blanco del corpiño y el verde del chaleco), sugieren una pertenencia a una clase trabajadora rural. La mirada de ambas se dirige hacia un hombre situado entre ellas y un caballo imponente.
Este hombre, vestido con pantalones azules y una chaqueta roja, parece ser el foco central de la escena. Su gesto, extendiendo la mano hacia el animal, denota una relación de familiaridad o dominio sobre él. El caballo, representado en tonos terrosos y con una musculatura notable, irradia fuerza y nobleza. A sus pies se agrupa un rebaño de ovejas, junto a una vaca y aves de corral, completando la representación del mercado animal.
En el fondo, las construcciones urbanas, delineadas con cierta imprecisión, sugieren un pueblo o una villa pequeña. La paleta de colores es apagada, dominada por tonos ocres, grises y azules deslavados, lo que contribuye a crear una atmósfera melancólica y nostálgica.
La pintura transmite una sensación de quietud y cotidianidad. No hay dramatismo ni exaltación; más bien, se presenta una visión serena y contemplativa de la vida rural. El diálogo entre las mujeres, el gesto del hombre hacia el caballo, la presencia del ganado… todo ello apunta a una representación idealizada de un mundo agrario, posiblemente evocando valores como la tradición, el trabajo duro y la conexión con la naturaleza. La ausencia de detalles que indiquen una época específica permite que la obra resulte atemporal, apelando a una memoria colectiva sobre las raíces culturales y los modos de vida tradicionales. Se intuye una cierta añoranza por un pasado rural percibido como más auténtico y cercano a la esencia humana.