Carlos Saenz De Tejada – #41600
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La presencia de un segundo rostro superpuesto al primero es uno de los elementos más intrigantes de la obra. Esta yuxtaposición no parece indicar una deformidad física, sino más bien una representación simbólica. Podría interpretarse como la manifestación de recuerdos, de una dualidad interna o incluso de la confrontación con el paso del tiempo y la pérdida. La superposición difumina los límites entre el presente y el pasado, sugiriendo una memoria persistente que se entrelaza con la realidad inmediata.
El autor ha empleado una paleta cromática limitada, dominada por tonos terrosos y ocres, lo cual contribuye a crear una atmósfera de austeridad y desolación. La línea es tosca, casi esquemática, acentuando la expresividad de las formas y reforzando el carácter emotivo del dibujo. El fondo, reducido a una franja horizontal que se extiende indefinidamente, enfatiza la soledad del personaje y su aislamiento del mundo exterior.
En este trabajo, más allá de la representación literal de un hombre mayor, subyace una exploración profunda sobre temas como la memoria, el envejecimiento, la identidad fragmentada y la condición humana en su declive. La obra invita a la reflexión sobre la fragilidad de la existencia y la inevitabilidad del tiempo que transcurre. El gesto de las manos, la postura encorvada y la superposición de los rostros son claves para comprender el mensaje subyacente: una meditación silenciosa sobre la vida y sus misterios.