Kissing ceremony. Canvas, oil. Konstantin Makovsky (1839-1915)
Konstantin Makovsky – Kissing ceremony. Canvas, oil.
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Pintor: Konstantin Makovsky
En tiempos lejanos, Rusia contaba con un gran número de ritos y tradiciones, que tenían un profundo significado para la gente de la época, se transmitían de generación en generación y eran estrictamente observados por todos los habitantes. La representación del Rito del Beso de K. E. Makovsky se basa en la novela El Príncipe de Rus’ de A. K. Tolstoi. La novela de K. Tolstoi "El Príncipe de Plata".
Descripción del cuadro "El rito del beso" de Vladimir Makovsky
En tiempos lejanos, Rusia contaba con un gran número de ritos y tradiciones, que tenían un profundo significado para la gente de la época, se transmitían de generación en generación y eran estrictamente observados por todos los habitantes. La representación del Rito del Beso de K. E. Makovsky se basa en la novela El Príncipe de Rus’ de A. K. Tolstoi. La novela de K. Tolstoi "El Príncipe de Plata". El cuadro mide 300 x 500 cm, óleo sobre lienzo, 1895.
El autor ha representado el ritual de los besos, un rito con el que los propietarios honraban a sus invitados y expresaban su estima. Este ritual aparece en torno a los siglos XV-XVII. Después de la rica comida, la esposa del amo salía a recibir a los invitados con sus hijas y sirvientes. Para el ritual, se vestía con sus mejores galas y joyas para obsequiar a los invitados con un cuenco de bebida. Apoyando los labios en la taza, se la daría al invitado. Después de beber el contenido, el invitado debe besar a la anfitriona y a sus hijas en la mejilla.
El artista ha representado el ritual de forma muy precisa, explícita y vívida. El cuadro está pintado con colores brillantes y luminosos. Las acciones descritas en el cuadro tienen lugar en un lujoso salón. En el centro de la parcela hay una mesa festiva, donde se sientan el dueño de la casa y sus invitados. Parece que la fiesta está llegando a su fin y es el momento del ritual. La esposa y las hijas del anfitrión se mantienen separadas, tratando de no mirar al invitado de la casa, están listas para el beso ritual, mientras que el invitado ya está alcanzando la copa llena de bebida. El marido y su séquito observan de cerca a las mujeres.
Makovsky pintó un cuadro impresionante, una obra maestra de la pintura rusa, que ha sido admirada y lo será durante generaciones.
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La obra presenta una escena interior rica en detalles y personajes, ejecutada al óleo sobre lienzo. El foco principal reside en un acto ceremonial: dos hombres se encuentran en el centro del espacio, uno inclinándose para besar la mano del otro. Este gesto, evidentemente protocolario, es observado por un grupo numeroso de individuos que flanquean a los protagonistas.
El autor ha prestado especial atención al vestuario, sumamente elaborado y ostentoso. Las prendas, con sus ricos tejidos, bordados y colores vibrantes –dorados, rojos, verdes– sugieren un alto estatus social para la mayoría de los presentes. La mujer que se encuentra a la izquierda, ataviada con una corona y un vestido igualmente lujoso, parece ser la figura central femenina en este ritual.
El espacio arquitectónico es imponente, caracterizado por bóvedas decoradas y una ventana que permite el ingreso de luz natural, iluminando parcialmente la escena. La mesa dispuesta a lo largo del lado derecho, cubierta con manteles blancos y repleta de objetos –vasos, platos, alimentos– indica un banquete o recepción formal.
La composición es dinámica, con las figuras agrupadas en torno al acto central del beso. Sin embargo, no se trata de una reunión homogénea; la diversidad de expresiones faciales sugiere una variedad de emociones: curiosidad, solemnidad, incluso cierta reserva o desconfianza. Algunos personajes parecen observar atentamente el desarrollo del ritual, mientras que otros muestran un interés más pasivo.
Subtextos potenciales apuntan a la representación de una práctica política o social específica. El beso en la mano podría simbolizar lealtad, sumisión o reconocimiento de autoridad. La presencia de numerosos testigos refuerza la idea de un acto público y formalizado, cuyo significado trasciende la mera cortesía personal. La riqueza material exhibida –vestuario, arquitectura, objetos– sugiere el poder y la influencia de los individuos retratados. El ambiente general, aunque festivo, se percibe tenso, insinuando posibles intrigas o conflictos subyacentes en este contexto social complejo. La luz, concentrada sobre las figuras principales, enfatiza su importancia, mientras que las sombras sugieren misterio y ambigüedad.