Jonas Hoffman – Danaë and the Shower of Gold
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La mujer, desnuda parcialmente bajo una sábana blanca, se presenta en una pose vulnerable pero a la vez sugerente. Su mirada, dirigida hacia arriba, parece captar o anticipar lo que está por suceder. La piel, tratada con un cuidado especial en su textura y luminosidad, contrasta con el rojo intenso del manto que cubre parcialmente su cuerpo. A su lado, un pequeño puto, de expresión curiosa, la observa con una mezcla de inocencia y asombro, sosteniendo lo que parecen ser símbolos de fertilidad o prosperidad.
En la parte derecha de la composición, una figura masculina emerge entre nubes y destellos dorados. Con una expresión intensa y casi furiosa, arroja una lluvia de monedas sobre la mujer yacente. Su musculatura es prominente, su rostro está enmarcado por una barba hirsuta y viste un manto que se confunde con el brillo del oro que lanza. La fuerza de este personaje irradia a todo el conjunto, generando una sensación de movimiento y trascendencia.
El uso de la luz es fundamental para la interpretación de esta pintura. El dorado no solo simboliza la riqueza material, sino también la divinidad y la gracia celestial. La oscuridad que rodea la escena acentúa la importancia de los personajes principales y crea un ambiente misterioso y cargado de significado.
Subtextualmente, se puede interpretar la obra como una representación del encuentro entre lo terrenal y lo divino, el deseo y la profecía. La figura femenina representa la fragilidad humana frente al poder de los dioses, mientras que la lluvia de oro simboliza tanto la bendición como la maldición, la riqueza y la opulencia que pueden traer consigo consecuencias imprevistas. El puto, con su inocencia infantil, podría representar la esperanza o el futuro prometido por este encuentro trascendental. La escena evoca una narrativa mitológica donde el destino se entrecruza con la pasión y la intervención divina altera el curso de los acontecimientos.