Caspar David Friedrich – Landscape With Grave Coffin And Owl
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Un elemento central e inusual es un ataúd, colocado sobre un montículo de tierra. Su presencia introduce inmediatamente una temática de muerte y duelo, aunque no se presenta de manera explícitamente trágica. El objeto parece abandonado, descontextualizado en este entorno agreste.
Sobre el ataúd, posada con aparente indiferencia, se encuentra un búho. El ave, con sus grandes ojos fijos y su expresión penetrante, actúa como observador silencioso de la escena. Tradicionalmente, el búho ha sido asociado con la sabiduría, pero también con la muerte, la noche y lo oculto; en este contexto, podría simbolizar una conciencia sombría o un presagio.
La composición es deliberadamente desequilibrada. La verticalidad del búho contrasta con la horizontalidad del ataúd, creando una tensión visual que refuerza el carácter inquietante de la obra. Los detalles menores, como las herramientas enterradas parcialmente en la tierra y la cuerda enrollada, añaden capas de significado ambiguo: ¿son restos de un entierro reciente? ¿Herramientas abandonadas por alguien que huyó?
La paleta cromática es limitada, con tonos terrosos y ocres predominantes. Esta restricción contribuye a la atmósfera opresiva y refuerza la sensación de decadencia y desolación. La técnica pictórica, aunque sencilla, permite una sutil gradación de luces y sombras que modelan las formas y acentúan el dramatismo del paisaje.
En términos subtextuales, la pintura invita a reflexiones sobre la mortalidad, la pérdida y la naturaleza transitoria de la existencia. El ataúd no es simplemente un objeto funerario; es un símbolo de la fragilidad humana y la inevitabilidad del final. La presencia del búho sugiere una perspectiva más allá de lo visible, una comprensión profunda pero quizás perturbadora de los ciclos de la vida y la muerte. La obra evoca una sensación de quietud y contemplación, invitando al espectador a meditar sobre su propia mortalidad y el significado de la existencia en un mundo efímero.