Nicolai Abraham Abildgaard – The Spirit of Culmin Appears to his Mother
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Sobre ella, suspendida en un halo de luz etérea y bruma, se revela una figura masculina desnuda. Su anatomía está representada con cierto idealismo clásico, pero su expresión es ambigua; no hay claridad sobre si refleja dolor, serenidad o algo más allá de la comprensión humana. La posición del cuerpo, recostado como en un sueño o trance, sugiere una naturaleza transitoria y espiritual. El autor ha logrado crear una atmósfera irreal que separa a esta figura del plano terrenal.
En el marco inferior, dos perros acompañan a la escena. Uno, situado a la izquierda de la mujer arrodillada, parece estar ladrando con intensidad, como si intentara advertir o protegerla. El otro, más cercano al espectador, observa la situación con una expresión que oscila entre la curiosidad y el temor. Estos animales, tradicionalmente asociados con la lealtad y la intuición, añaden una capa de simbolismo a la obra, posiblemente representando instintos primarios o fuerzas ocultas en juego.
El cielo nocturno, dominado por tonos azulados y negros, sirve como telón de fondo para este encuentro sobrenatural. Una luna creciente, ubicada en la parte superior central del lienzo, ilumina tenuemente la escena, contribuyendo a su atmósfera onírica y misteriosa. La luz no es uniforme; se concentra alrededor de la figura suspendida, creando un efecto dramático que acentúa su naturaleza espectral.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de pérdida, duelo y la búsqueda de consuelo en lo desconocido. La relación entre la madre y el hijo (o espíritu) es central, sugiriendo una conexión trascendental que desafía las leyes naturales. La presencia de los perros podría interpretarse como un vínculo con el mundo terrenal, un recordatorio de la realidad que la mujer intenta alcanzar a través de su súplica. La ambigüedad en la expresión del espíritu invita a múltiples interpretaciones; ¿es una manifestación benigna o una visión perturbadora? El autor deliberadamente deja esta pregunta sin respuesta, permitiendo al espectador proyectar sus propias emociones y experiencias sobre la obra. La composición general evoca un sentimiento de melancolía y asombro ante los misterios de la vida y la muerte.