Roerich N.K. – Autumn. Viborg
Ubicación: International N.K. Roerich’s Center-Museum, Moscow (Международный Центр-Музей им. Н.К. Рериха).
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La paleta cromática es notablemente restringida, centrada en tonos azules, marrones y ocres. El azul, presente tanto en el cielo como en las montañas distantes, crea una atmósfera melancólica y serena. Los marrones y ocres, que definen la roca frontal y la vegetación, sugieren un estado de decadencia o transición, propio del otoño. La luz es difusa y uniforme, sin puntos focales evidentes, lo que contribuye a la sensación general de quietud y contemplación.
La representación de las formas es esquemática y simplificada. Las rocas se dibujan con líneas angulosas y contornos abruptos, mientras que las montañas se reducen a siluetas suaves y redondeadas. La vegetación aparece como manchas abstractas de color, sin detalles realistas. Esta simplificación formal sugiere una intención más allá de la mera reproducción visual; el artista parece buscar expresar una emoción o un estado de ánimo particular.
El agua, representada con pinceladas horizontales que sugieren su inmensidad y calma, actúa como un espejo que refleja los colores del cielo y las montañas, intensificando la sensación de unidad y armonía en el paisaje. La ausencia de figuras humanas o animales refuerza esta impresión de soledad y aislamiento.
Subtextualmente, la pintura evoca una reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza efímera de la existencia. Los colores otoñales y la atmósfera melancólica sugieren un sentimiento de pérdida y nostalgia, pero también una aceptación serena de los ciclos naturales. La monumentalidad de las rocas y montañas transmite una sensación de permanencia y estabilidad frente a la fugacidad del tiempo humano. El paisaje se convierte así en un símbolo de la condición humana, atrapada entre la belleza y la decadencia, la esperanza y la melancolía. Se intuye una profunda conexión con el entorno natural, no como objeto de conquista o dominio, sino como fuente de consuelo y reflexión.