Vladimir Taburin – Your burden does not pull
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En primer plano, dos niños vadean un río poco profundo. Uno de ellos, ataviado con un vestido rosa y una especie de chaleco blanco, lleva sobre sus hombros a otro niño que parece estar participando activamente en la acción, extendiendo una mano hacia una cesta de mimbre que el portador sostiene. La expresión del niño cargado sugiere curiosidad o incluso una ligera molestia, mientras que el rostro del que lo porta muestra una mezcla de esfuerzo y resignación.
A su derecha, un tercer niño, vestido con ropa azul, se encuentra también en el agua, aparentemente absorto en otra actividad: se toca la zona inguinal, gesto que podría interpretarse como un juego infantil o una reacción a algún estímulo externo. Lleva consigo una cesta rebosante de frutas, posiblemente recolectadas previamente.
En el extremo derecho del cuadro, una niña con un gorro adornado y un vestido rojo y blanco avanza por el agua, sosteniendo otra cesta llena de frutos. Su postura es más formal y su mirada se dirige hacia adelante, como si estuviera concentrada en llegar a algún destino específico.
El entorno natural está densamente poblado de vegetación, con árboles que crean una atmósfera sombría y misteriosa. El agua del río refleja la luz, generando destellos que contribuyen a la sensación de profundidad y realismo. La presencia de piedras en el lecho del río añade textura y complejidad al paisaje.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la responsabilidad, la carga, la infancia y la relación entre los individuos y su entorno. El gesto del niño cargado podría simbolizar una obligación impuesta o un peso que debe soportar. La cesta de frutas en manos de los niños sugiere una labor cotidiana, quizás la recolección de alimentos para el sustento familiar. El gesto del niño que se toca, aunque aparentemente trivial, introduce un elemento de espontaneidad y naturalidad que contrasta con la seriedad de las otras figuras. La niña que avanza con determinación podría representar la madurez incipiente o una visión más pragmática de la vida.
En conjunto, la pintura evoca una sensación de nostalgia por la infancia perdida y una reflexión sobre los desafíos y responsabilidades que acompañan al crecimiento. El uso del color es vibrante pero contenido, contribuyendo a crear una atmósfera melancólica y contemplativa. La composición, aunque aparentemente sencilla, está cuidadosamente elaborada para transmitir un mensaje sutil y complejo.