Antoon Derkinderen – Transvaal picture 2; Transvaalse prent 2
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En la parte inferior de la composición, tres figuras humanas se agrupan alrededor de un crucifijo toscamente elaborado. Sus rostros denotan angustia y desesperación; una mujer joven sostiene un libro abierto, posiblemente representando la fe o el conocimiento, mientras que otra figura parece inclinarse en señal de súplica o dolor. La tercera persona, con el rostro parcialmente oculto, manifiesta una expresión de profundo desconcierto.
El fondo presenta un paisaje dividido en dos zonas: a la izquierda, se aprecia una representación estilizada de fuego y destrucción, que consume elementos arquitectónicos y vegetales. A la derecha, el terreno se abre hacia un panorama más apacible, con edificaciones ordenadas, ganado pastando y vegetación exuberante. Esta dualidad visual establece un contraste marcado entre caos y armonía, sufrimiento y esperanza.
En la parte superior del cuadro, una inscripción latina –“SPES·NOS·TRA·DEUS”– proclama “Nuestra Esperanza es Dios”. La frase se sitúa sobre el paisaje idealizado, reforzando la idea de que la salvación o el futuro prometido reside en lo divino. La leyenda inferior, INCERTUM QUO FATA FERENT SPES ALMA SUPERSIIT, sugiere una incertidumbre sobre el destino, pero también la persistencia de la esperanza.
La pintura parece explorar temas de fe, desesperación y redención. El fuego que devora la parte izquierda del paisaje podría simbolizar conflictos, pérdidas o un pasado traumático. La figura femenina con su estandarte representa la promesa de una nueva era, un futuro mejor guiado por la divinidad. El contraste entre las figuras humanas afligidas en primer plano y el panorama esperanzador al fondo sugiere una tensión inherente a la condición humana: la lucha entre el sufrimiento presente y la búsqueda de un destino trascendente. La composición, con su simbolismo complejo y su iconografía religiosa, invita a la reflexión sobre la naturaleza de la esperanza y la fe frente a la adversidad.