Part 4 Prado Museum – Campin, Robert -- San Juan Bautista y el maestro franciscano Enrique de Werl
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A su derecha, arrodillado en actitud de oración o contemplación, se encuentra un hombre ataviado con hábito franciscano marrón. Sus manos están juntas frente a él, y su expresión es serena, casi absorta. La iluminación sobre él es más tenue, creando una atmósfera de recogimiento y devoción.
El espacio arquitectónico que los contiene es notablemente realista. Se aprecia una ventana arqueada que enmarca un paisaje distante con árboles y una ciudadela o fortaleza al fondo. Los detalles de la estructura son minuciosos: vigas de madera a techo, puertas cerradas, e incluso un espejo circular colgado en la pared, reflejando fragmentos del interior. La inclusión de estos elementos cotidianos confiere a la escena una sensación de verosimilitud y familiaridad.
La disposición de los personajes sugiere una relación de guía o mentoría. El hombre con la túnica carmesí podría interpretarse como un profeta o figura mesiánica, mientras que el franciscano representa al discípulo o seguidor. La presencia del cordero, símbolo universalmente asociado a Cristo, refuerza esta interpretación alegórica.
El espejo en la pared es un elemento particularmente interesante. Más allá de su función decorativa, podría simbolizar la introspección, la reflexión sobre uno mismo y el autoconocimiento, temas centrales en la espiritualidad cristiana. También puede interpretarse como una ventana a otra realidad o dimensión.
La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos: rojos intensos, marrones terrosos y ocres dorados. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y devoción, al tiempo que enfatiza la importancia de los personajes representados. La composición general es equilibrada y armoniosa, invitando a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre el significado espiritual de la escena. Se percibe un intento deliberado por parte del artista de combinar elementos realistas con una narrativa simbólica rica en matices.