Pompeo Girolamo Batoni – Batoni lady mary fox
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Aquí se observa un retrato de una dama, ejecutado con una técnica que sugiere el Rococó tardío o los albores del Neoclasicismo. La figura femenina ocupa la mayor parte del plano frontal, presentándose de perfil y tres cuartos, lo cual permite apreciar su rostro y vestimenta con detalle. Su postura es ligeramente girada hacia el espectador, invitando a una conexión visual directa.
La paleta cromática se centra en tonos fríos: grises, azules pálidos y toques de rosa en los adornos textiles. Este dominio del gris confiere al retrato un aire de sobriedad que contrasta con la exuberancia típica de épocas anteriores. La luz incide sobre el rostro y el cuello de la dama, resaltando su tez clara y creando una sensación de volumen. El fondo, difuminado en tonos rojizos y marrones, contribuye a aislar la figura principal y a dirigir la atención hacia ella.
La vestimenta es un elemento clave en la interpretación del retrato. Se trata de un robe à la française, característico de la moda femenina de la época, pero simplificado en su diseño. La ausencia de ornamentación excesiva sugiere una búsqueda de elegancia discreta y refinada. Los lazos que adornan el cuello y las mangas, aunque delicados, aportan un toque de vitalidad al conjunto.
La dama sostiene con cuidado un pequeño perro, probablemente un spaniel. Este detalle no es meramente decorativo; en la iconografía del siglo XVIII, los perros eran símbolos de fidelidad, compañía y estatus social. La forma en que la mujer abraza al animal denota afecto y cercanía, revelando quizás aspectos de su personalidad o sus valores.
En cuanto a los subtextos, el retrato parece transmitir una imagen de nobleza discreta y virtud. La postura serena, la mirada directa y la vestimenta sobria sugieren un carácter reservado y refinado. El entorno arquitectónico, insinuado por las columnas en segundo plano, evoca un contexto de poder y privilegio. No obstante, la ausencia de elementos ostentosos o referencias alegóricas apunta a una intención de representar a la dama como una persona auténtica y cercana, más allá de su posición social. La composición general transmite una sensación de equilibrio y armonía, características propias del ideal estético de la época. Se intuye un deseo de proyectar una imagen de dignidad y moderación, posiblemente en respuesta a los cambios sociales y políticos que se estaban produciendo en el siglo XVIII.