Xavier Valls – #04400
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En primer plano, una superficie rectangular, presumiblemente una mesa cubierta con un tejido azul celeste, sirve como base para la escena. Sobre ella, se disponen tres mandarinas sobre un plato de tonalidad similar al del tapiz, y a su derecha, un jarrón de color naranja intenso que alberga unas pocas ramas florecientes. La disposición es simétrica pero no rígida; las frutas se amontonan ligeramente, sugiriendo una cierta vitalidad orgánica, mientras que el jarrón se inclina sutilmente, rompiendo la monotonía geométrica del conjunto.
La pincelada es precisa y controlada, sin rastros de gestualidad expresiva. La luz, uniforme y difusa, elimina sombras dramáticas, contribuyendo a una sensación general de quietud y contemplación. El tratamiento de las superficies es notable: se aprecia la textura rugosa del jarrón, contrastando con la suavidad aparente de las frutas y el tejido.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece explorar temas relacionados con la fragilidad de la existencia y la belleza efímera. La sencillez de los elementos invita a una reflexión sobre lo esencial, mientras que la paleta limitada sugiere un deseo de trascender la realidad material hacia un plano más conceptual. El contraste entre el azul del tapiz y el naranja del jarrón y las frutas genera una tensión visual sutil, que podría interpretarse como una metáfora de la dualidad inherente a la experiencia humana: alegría y tristeza, vida y muerte, lo tangible y lo inasible. La ausencia de figuras humanas o referencias contextuales refuerza esta sensación de atemporalidad e invita al espectador a proyectar sus propias emociones y significados en la obra.