Liechtenstein Museum – Roelant Saverey and Cornelis van Haarlem - The Fall
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El entorno es exuberante y denso; una selva tropical rebosa vida. Una variedad considerable de animales pueblan el espacio: un león reposa a la izquierda, un ciervo se muestra a la derecha, aves de plumajes variados surcan el cielo y posan en las ramas, mientras que otros animales terrestres se mezclan con la vegetación. La abundancia de fauna sugiere una atmósfera de paraíso perdido, un edén primigenio donde el hombre convive en armonía con la naturaleza.
El paisaje tras los árboles revela una vista distante de agua y tierra, insinuando un mundo más allá del espacio inmediato ocupado por las figuras centrales. Esta perspectiva lejana contribuye a la sensación de aislamiento y a la idea de una pérdida, reforzando la noción de un lugar ideal que ya no es accesible.
La paleta cromática es rica en tonos verdes y ocres, con contrastes marcados por el blanco de la piel de los personajes y los colores vivos de las aves exóticas. Esta combinación genera una sensación de opulencia y vitalidad, pero también sugiere una cierta melancolía, como si se tratara de un recuerdo agridulce.
Más allá de la representación literal, la obra parece explorar temas relacionados con la inocencia, la conexión humana y la pérdida del paraíso. El gesto entre los hombres podría interpretarse como una expresión de amor fraternal, de unidad primordial o incluso de una relación prohibida. La presencia de animales salvajes, normalmente asociados a lo indómito y peligroso, convive pacíficamente con las figuras humanas, sugiriendo un estado original de armonía que ha sido interrumpido. La composición en su conjunto evoca una reflexión sobre la condición humana, el pecado original y la inevitable caída del hombre desde un estado de gracia. La meticulosa representación de cada detalle, tanto en los personajes como en la flora y fauna, sugiere una intención didáctica, buscando transmitir una lección moral o espiritual al espectador.