Liechtenstein Museum – Jan Steen - Large kitchen
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El foco central recae sobre un hombre calvo, sentado a una mesa toscamente dispuesta, mientras una mujer le limpia el rostro con un paño. A su alrededor, la atmósfera es de caos controlado: una joven se sirve de un jofre rebosante de comida, otro hombre parece estar bebiendo, y una niña observa atentamente a un perro que juguetea con lo que parecen ser cáscaras de huevo en el suelo. La mujer vestida de blanco, sentada junto al hombre calvo, parece supervisar la situación con una expresión entre resignación y ligera irritación.
El autor ha logrado capturar una instantánea de la vida cotidiana de una familia humilde. La abundancia de comida presente sugiere una relativa prosperidad, aunque el desorden y la falta de pulcritud denotan un estilo de vida más cercano a lo elemental. La composición es deliberadamente teatral; los personajes parecen posar para el espectador, creando una sensación de artificialidad que invita a la reflexión sobre la representación de la realidad.
Subyace en esta pintura una crítica sutil a las costumbres y vicios humanos. La escena, aparentemente inocente, puede interpretarse como una alegoría de la desidia y la falta de disciplina familiar. El hombre calvo, objeto de la limpieza, podría simbolizar la indulgencia y el descuido, mientras que los demás personajes representan diferentes aspectos de la vida doméstica: la laboriosidad, la alegría, la curiosidad infantil y, quizás, una pizca de desobediencia.
La disposición de los objetos – las ollas colgadas, el fuego encendido, la comida sobre la mesa – contribuye a crear una sensación de calidez y familiaridad, pero también acentúa la impresión general de un espacio caótico y poco controlado. El uso del color es igualmente significativo: los tonos cálidos del fuego contrastan con los más fríos de las paredes y la ropa, creando una dinámica visual que refuerza la complejidad de la escena. En definitiva, el artista ha presentado una visión ambivalente de la vida familiar, donde la alegría y el desorden coexisten en un equilibrio precario.