Liechtenstein Museum – Bernardo Bellotto - View of the garden of Liechtenstein Palace from the Belvedere
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El jardín en sí es un despliegue de orden y control sobre la naturaleza. Se observa una cuidada alineación de setos, arbustos y árboles, dispuestos en patrones geométricos que delimitan caminos y perspectivas. La perspectiva se acentúa mediante el uso de escaleras y terrazas, que conducen la mirada hacia el palacio y amplifican su monumentalidad. La luz, suave y difusa, baña la escena con una atmósfera serena y luminosa, resaltando los colores cálidos de la piedra y el verde intenso del follaje.
En el primer plano, se distinguen figuras humanas vestidas con ropas elegantes de la época. Su presencia, aunque discreta, añade una dimensión narrativa a la composición. Parecen contemplar el jardín con una actitud de admiración y respeto, sugiriendo un vínculo entre la nobleza y este espacio cuidadosamente cultivado. La figura del hombre en el extremo derecho, ataviado con un elaborado traje, parece ser el anfitrión o propietario, ejerciendo su dominio sobre el entorno que lo rodea.
Más allá del palacio, se vislumbra una ciudad extensa, delineada por la silueta de edificios y torres. Esta inclusión contextualiza el jardín dentro de un paisaje urbano más amplio, insinuando la riqueza y el poderío de quien posee esta residencia. La presencia de la ciudad también sugiere una conexión entre el mundo privado del palacio y el ámbito público de la vida social y política.
En términos subtextuales, la obra parece celebrar la capacidad humana para imponer orden y belleza sobre la naturaleza salvaje. El jardín se convierte en un símbolo de civilización, refinamiento y control. La meticulosidad con que se ha representado cada detalle sugiere una obsesión por el detalle y una búsqueda de perfección estética. La escena evoca también una sensación de opulencia y privilegio, reflejando el estilo de vida de la aristocracia del siglo XVIII. El paisaje, en su aparente quietud, transmite un mensaje de estabilidad y permanencia, aunque se intuye que detrás de esa fachada se esconden las complejidades de la vida cortesana.