Metropolitan Museum: part 4 – Attributed to Corneille de Lyon - Anne de Pisseleu (1508–1576), Duchesse d’Étampes
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El rostro de la retratada destaca por una palidez idealizada, con unos ojos grandes y expresivos que sugieren inteligencia y quizás un dejo de melancolía. El cabello rojizo está recogido en un elaborado peinado adornado con una cofia blanca, cuyo diseño revela una sofisticación acorde a su estatus social. La piel es pulida, casi translúcida, lo cual acentúa la sensación de nobleza y refinamiento.
El atuendo es sumamente significativo. Viste un vestido oscuro, probablemente de terciopelo o brocado, ricamente decorado con motivos florales bordados en hilo dorado y piedras preciosas que delinean el escote. La joyería, discreta pero lujosa –un collar de perlas y una cadena colgante– subraya su posición privilegiada. La manga del vestido, visible en primer plano, muestra un forro blanco que contrasta con la oscuridad del tejido exterior, añadiendo volumen y textura a la composición.
El fondo es de un verde apagado, casi monocromático, que no distrae la atención del sujeto principal. Su uniformidad contribuye a la atmósfera solemne y formal del retrato. La pincelada es precisa y detallista en el rostro y las manos, mientras que se vuelve más suelta y generalizada en el vestido y el fondo, lo cual sugiere una intención de priorizar la representación de la figura sobre los detalles ambientales.
Más allá de la mera representación física, esta pintura transmite un mensaje de poder y estatus social. La pose digna, la mirada directa y la opulencia del atuendo sugieren una mujer consciente de su importancia y posición en la corte. La palidez idealizada del rostro podría interpretarse como un símbolo de pureza o virtud, aunque también puede ser vista como una convención estética de la época que buscaba representar la belleza femenina dentro de los parámetros de la nobleza. La sutil melancolía percibida en su mirada invita a especular sobre posibles complejidades emocionales ocultas tras la fachada de la aristocracia. En definitiva, el retrato es un documento visual que nos permite vislumbrar una época y una clase social caracterizadas por la ostentación, la formalidad y la búsqueda de la perfección estética.