Utagawa Kuniyoshi – Tameijiro Genshogo slaying Orin
Ubicación: Private Collection
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Aquí se observa una escena de combate intensa y dramática, ejecutada con la precisión característica del grabado japonés ukiyo-e. La composición se centra en dos figuras principales: un guerrero imponente que domina la escena y una criatura monstruosa, aparentemente sometida a su voluntad.
El guerrero, vestido con una armadura elaborada de tonos rojos y plateados, irradia fuerza y determinación. Su rostro, marcado por una expresión severa y concentrada, sugiere una resolución inquebrantable. La postura es dinámica; el cuerpo inclinado hacia adelante, la pierna extendida en un movimiento que denota control y poderío físico. La empuñadura de su espada se vislumbra parcialmente, insinuando la violencia del acto que está perpetrando. Sus pies descalzos añaden una nota inusual a la representación, quizás simbolizando una conexión directa con el terreno o una austeridad guerrera.
La criatura, de apariencia grotesca y simiesca, es representada en un estado de sumisión. Su boca abierta en un grito silencioso revela su terror y desesperación. La musculatura exagerada y los rasgos faciales distorsionados acentúan su naturaleza monstruosa, sugiriendo una amenaza que ahora ha sido doblegada por la fuerza del guerrero. La posición encorvada de la criatura contrasta fuertemente con la verticalidad y el dominio del guerrero.
El fondo, decorado con motivos florales estilizados en tonos azules y dorados, proporciona un contraste visual llamativo que acentúa las figuras principales. La complejidad de los detalles florales sugiere una opulencia que podría simbolizar la riqueza o el poder asociado al guerrero. La caligrafía japonesa presente en los márgenes, aunque ilegible para quien no conoce el idioma, añade una capa de autenticidad y contexto cultural a la obra.
Subtextualmente, esta imagen parece explorar temas de poder, dominio y la confrontación entre el orden y el caos. El guerrero representa la autoridad y la capacidad humana para controlar fuerzas primarias o monstruosas. La criatura, por su parte, podría simbolizar los peligros que acechan en las sombras, o incluso los aspectos más salvajes e incontrolables de la propia naturaleza humana. La escena, aunque violenta, está presentada con una estética refinada y un sentido del equilibrio compositivo que es característico del arte japonés. La ausencia de sangre o detalles explícitamente sangrientos sugiere una representación estilizada de la violencia, más enfocada en el drama visual que en la crudeza gráfica.