Beryl Cook – E34 The Lobsters
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La mujer, ubicada a la izquierda del plano, posee un corte de cabello bob característico y unos labios pintados de rojo intenso, lo cual le confiere una presencia llamativa. Su mirada se dirige hacia la langosta que sostiene con delicadeza en sus manos, mientras que su expresión parece sugerir una mezcla de fascinación y quizás, cierta incomodidad. Los hombres, situados a su derecha, comparten una actitud similar; ambos parecen escrutar las criaturas marinas con una atención casi obsesiva. Sus rostros, aunque serios, no revelan emociones claras, lo cual contribuye a la atmósfera enigmática de la escena.
El entorno es igualmente intrigante. El fondo presenta un entramado decorativo que recuerda a una jaula o celosía, creando una sensación de encierro y artificialidad. Una serie de luces brillantes, dispuestas como estrellas, acentúan esta impresión de irrealidad. En el centro de la mesa, junto a las langostas, se encuentra una botella de vino y un cesto con pan, elementos que refuerzan la idea de una comida formal pero también sugieren una cierta opulencia.
La paleta cromática es rica en tonos verdes, rojos y blancos, con contrastes marcados que intensifican el dramatismo de la composición. La iluminación, aunque artificial, resalta los detalles de las figuras y los objetos, creando un efecto casi teatral.
Más allá de una simple representación de una cena, esta pintura parece explorar temas relacionados con la observación, la fascinación por lo desconocido y quizás, una sutil crítica a la superficialidad social. Las langostas, con su apariencia extraña y sus movimientos erráticos, podrían interpretarse como símbolos de algo ajeno o incomprensible, mientras que los personajes parecen atrapados en un ritual de contemplación vacía. La artificialidad del entorno sugiere una desconexión entre las personas y la realidad, invitando a la reflexión sobre la naturaleza de la experiencia humana y el significado de la conexión social. El gesto de observar con detenimiento, casi como si se tratara de objetos científicos, denota una distancia emocional que acentúa la atmósfera inquietante del conjunto.