Beryl Cook – B10 Walkies
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La mujer a la izquierda, vestida con un abrigo de tonos terrosos y un sombrero que le cubre parcialmente el rostro, irradia una sensación de opulencia y quizás, cierta indiferencia. Su postura es firme, casi desafiante, y sostiene la correa del perro con una mano, mientras que la otra permanece a su lado. La mujer a su derecha, envuelta en un abrigo blanco de piel, muestra una expresión más animada, aunque igualmente distante. Su pose sugiere una conversación o interacción, pero la falta de contacto visual directo entre ambas figuras introduce una sutil tensión. El bolso que lleva al hombro completa su atuendo elegante y sofisticado.
El perro, de pelaje oscuro y tamaño mediano, se encuentra en primer plano, mirando directamente al espectador con una expresión que oscila entre la curiosidad y la cautela. Su presencia añade un elemento de cotidianidad a la escena, contrastando con el lujo evidente en la vestimenta de las mujeres.
La estructura arquitectónica detrás de ellas, presumiblemente una mansión o edificio público, se presenta como un telón de fondo blanco y simétrico, reforzando la idea de riqueza y poder. La perspectiva es ligeramente elevada, lo que acentúa aún más su grandiosidad. El cielo, con tonalidades grises y oscuras, sugiere una atmósfera melancólica o introspectiva.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con el estatus social, la superficialidad y la alienación. Las mujeres, a pesar de compartir un paseo con el perro, parecen desconectadas entre sí y del espectador. La opulencia de su vestimenta contrasta con una posible sensación de vacío o insatisfacción. El edificio imponente podría simbolizar las aspiraciones materiales y la búsqueda constante de validación social. La pintura invita a reflexionar sobre los valores que rigen el mundo representado, cuestionando la autenticidad de las relaciones humanas en un contexto marcado por la riqueza y el privilegio. La elección del color y la composición contribuyen a una atmósfera ambivalente, donde la belleza exterior coexiste con una sensación subyacente de desasosiego.