Kobenhavn National Gallery of Denmark – Carl Bloch (1834-90) - Samson and the Philistines
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La figura principal, un hombre de musculatura prominente, se encuentra encadenado y obligado a girar una rueda de molino. Su postura es tensa, su rostro refleja esfuerzo y resignación, aunque en sus ojos parece persistir una chispa de desafío. La desnudez parcial de su torso enfatiza su vulnerabilidad física, al tiempo que resalta la fuerza contenida en su cuerpo. Las cadenas, gruesas y pesadas, simbolizan la opresión y la pérdida de libertad.
En un segundo plano, se aprecia a un anciano, vestido con una túnica blanca, sentado sobre una estructura metálica que parece ser parte del mecanismo del molino. Su expresión es severa, casi indiferente al sufrimiento del prisionero. Sostiene un báculo en su mano, gesto que podría interpretarse como símbolo de autoridad o dominio. A su alrededor, se distinguen otras figuras, vestidas con ropas sencillas y de colores apagados, que parecen ser guardianes o supervisores. Sus rostros muestran una mezcla de curiosidad y desinterés.
La composición es cuidadosamente equilibrada. La figura del prisionero ocupa el primer plano, atrayendo inmediatamente la atención del espectador. El anciano, situado en un plano superior, ejerce una presencia imponente que refuerza la jerarquía de poder. El uso de la luz y la sombra contribuye a crear una atmósfera opresiva y claustrofóbica.
Más allá de la representación literal de un episodio bíblico, esta pintura parece explorar temas universales como el sufrimiento humano, la injusticia, la resistencia y la pérdida de la libertad. La dignidad del prisionero, a pesar de su condición, sugiere una fuerza interior que trasciende las limitaciones físicas. El contraste entre la brutalidad del entorno y la expresión contenida en los rostros de los personajes invita a la reflexión sobre la naturaleza humana y el poder de la voluntad. La escena evoca una sensación de melancolía y desesperanza, pero también insinúa la posibilidad de redención o venganza.