Alexander Golovin – Kremlin Square. Stage design for the first act of M. Mussorgsky’s opera Boris Godunov
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La arquitectura es dominante; los edificios exhiben características propias del estilo ruso antiguo, con cúpulas bulbosas ostentosas y elaborados detalles decorativos. El uso de la perspectiva no es naturalista, sino más bien estilizado, enfatizando la verticalidad y el tamaño colosal de las construcciones. Esto contribuye a una sensación de opresión y grandiosidad que probablemente refleja el poder y la autoridad asociados al lugar representado.
La paleta cromática es rica y contrastada. Predominan los tonos cálidos – ocres, dorados, rojos – que acentúan la monumentalidad y quizás sugieren un ambiente festivo o ceremonial. Estos colores se yuxtapongan con azules y blancos más fríos en las sombras y detalles arquitectónicos, creando una vibración visual que intensifica el dramatismo de la escena.
En primer plano, unas figuras humanas, pequeñas en comparación con el entorno, parecen estar reunidas para presenciar algún evento. Su diminuta escala refuerza la idea de la insignificancia individual frente a la inmensidad del poder estatal y la historia. La disposición de estas figuras sugiere una multitud expectante, quizás un pueblo sometido o una corte real.
El camino que serpentea por la plaza actúa como una guía visual para el espectador, conduciéndolo hacia el fondo donde se concentran los edificios más importantes. Este elemento compositivo puede simbolizar un viaje, una progresión o incluso una trayectoria marcada por el destino.
Subtextualmente, la escena parece explorar temas de poder, autoridad y la relación entre el individuo y el estado. La monumentalidad del entorno sugiere una atmósfera de opresión y control, mientras que la presencia de la multitud implica una pasividad o sumisión ante las fuerzas en juego. La representación estilizada y no realista de la arquitectura podría indicar una crítica a la pompa y la grandilocuencia del poder, o bien una idealización nostálgica de un pasado glorioso. La escena evoca una sensación de solemnidad y anticipación, preparando al espectador para el desarrollo dramático que se espera en la ópera.