Alexander Golovin – Stuffy Kashcheevo kingdom. Scenery sketch for I. Stravinsky’s ballet The Fire Bird
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El artista ha optado por una perspectiva ligeramente elevada, lo que permite abarcar una extensión considerable del paisaje y enfatizar la complejidad arquitectónica y natural. La arquitectura es singular: edificios con formas bulbosas, cúpulas ornamentadas y torres retorcidas se apiñan unos sobre otros, creando un efecto de opresión y laberinto. No hay simetría evidente; más bien, prevalece una sensación de crecimiento orgánico e incontrolado. Los colores son ricos y vibrantes: ocres, dorados, rojos intensos y verdes esmeralda dominan la paleta, aunque atenuados por una capa general de tonalidades terrosas que sugieren antigüedad y decadencia.
La vegetación juega un papel crucial en la escena. Árboles con troncos nudosos y ramas serpenteantes se entrelazan con las estructuras arquitectónicas, difuminando los límites entre lo natural y lo construido. La exuberancia de la flora contrasta con la aparente falta de vida humana; no hay figuras humanas visibles, lo que acentúa la sensación de aislamiento y misterio.
La técnica pictórica es notable por su minuciosidad y detalle. Se aprecia una pincelada fina y precisa, utilizada para representar las intrincadas texturas de los edificios, la vegetación y el terreno. La luz parece filtrarse a través del follaje, creando un juego de sombras que añade profundidad y dramatismo a la escena.
Subtextualmente, esta composición sugiere una atmósfera de opresión, misterio y peligro inminente. El reino representado no es un lugar acogedor o benigno; más bien, evoca una sensación de amenaza latente y encierro. La ausencia de figuras humanas refuerza la idea de que este es un dominio habitado por fuerzas sobrenaturales o entidades malignas. La exuberancia descontrolada de la naturaleza podría interpretarse como una manifestación del poder primordial y caótico que subyace a la civilización, mientras que la arquitectura retorcida simboliza la corrupción y la distorsión de los valores humanos. En definitiva, el boceto escenográfico transmite una sensación de inquietud y anticipación, preparando al espectador para un relato lleno de magia, peligro y conflicto.