Abraham Hondius – Adoration of the Shepherds
Ubicación: Rijksmuseum, Amsterdam.
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En primer plano, un grupo heterogéneo de figuras humanas se agolpa alrededor de una figura central: un niño recostado sobre telas blancas. La madre, vestida con ropas modestas pero elegantes, lo observa con ternura, mientras que José, a su lado, parece contemplar la escena con una expresión serena y protectora. Los pastores, representados con atuendos rústicos y expresiones de asombro, se acercan con reverencia, algunos arrodillados en señal de adoración. Un anciano, presumiblemente el más venerable del grupo, extiende su mano hacia el niño, como ofreciéndole un gesto de respeto.
Sobre ellos, una multitud de ángeles descienden desde lo alto, envueltos en nubes y rodeados por una luz aún más intensa. Sus posturas son dinámicas, algunas extendiendo sus alas con gracia, otras apuntando hacia abajo con gestos que sugieren la importancia del acontecimiento. La presencia angelical refuerza el carácter sagrado de la escena, elevándola a un plano trascendental.
El fondo está definido por una arquitectura tosca y oscura: lo que parece ser parte de una establo o granero. A través de las aberturas se intuyen paisajes nocturnos, difusos y apenas perceptibles, que contribuyen a la sensación de aislamiento y recogimiento. Un burro y un buey, situados en el extremo izquierdo, simbolizan la humildad y la sencillez del nacimiento.
La composición es piramidal, con el niño como vértice superior, lo que enfatiza su importancia central. La disposición de las figuras crea una sensación de movimiento y dinamismo, atrayendo la mirada hacia el punto focal. El uso magistral de la luz y la sombra contribuye a crear un efecto dramático y emotivo, intensificando la atmósfera de devoción y asombro.
Más allá de la representación literal del evento, esta pintura sugiere subtextos relacionados con la humildad, la fe y la esperanza. La presencia de los pastores, figuras marginales en la sociedad, implica que la salvación no es exclusiva para los poderosos o los nobles, sino que está disponible para todos aquellos que se acercan con un corazón abierto. La luz divina simboliza la gracia y la redención, mientras que las sombras representan el mundo terrenal, lleno de sufrimiento e incertidumbre. La escena evoca una sensación de paz interior y consuelo, invitando al espectador a reflexionar sobre los misterios de la vida y la fe.