Part 1 Louvre – Giovanni Girolamo Savoldo (c. 1480-after 1548) -- Self-Portrait, formerly called Portrait of Gaston de Foix
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La paleta cromática es deliberadamente restringida: predominan los tonos oscuros, el negro y el marrón, con destellos de rojo en la vestimenta que atraen la atención hacia su rostro y manos. Este contraste acentúa la intensidad de su mirada, dirigida hacia un punto indefinido más allá del plano pictórico. La luz, tenue y difusa, modela sus facciones, resaltando las arrugas sutiles que sugieren una vida marcada por experiencias complejas.
Un elemento crucial en la composición es el espejo situado a su derecha. En él se refleja la figura del retratado, pero con una notable diferencia: la imagen especular parece más despojada, casi vulnerable. Esta duplicación no es meramente decorativa; introduce una dimensión psicológica profunda. El reflejo podría interpretarse como una representación de la propia conciencia del sujeto, un vistazo a su interioridad que le resulta tanto fascinante como perturbador. La presencia del espejo también alude a la vanitas, un motivo recurrente en el arte renacentista que invita a la reflexión sobre la fugacidad de la vida y la importancia de la virtud.
La vestimenta del hombre es rica y elaborada, con detalles que sugieren una posición social elevada. Sin embargo, la forma en que se ha dispuesto – ligeramente desordenada, como si hubiera sido abandonada apresuradamente – introduce una nota de disconformidad o incluso de rebeldía contra las convenciones sociales. La mano extendida, casi ofreciendo algo al espectador, podría interpretarse como un gesto de invitación a compartir su estado anímico, o quizás como una súplica silenciosa de comprensión.
En general, la obra transmite una sensación de introspección y melancolía que trasciende el mero retrato físico. El artista ha logrado capturar no solo la apariencia externa del sujeto, sino también una parte significativa de su mundo interior, invitando al espectador a reflexionar sobre temas universales como la identidad, la conciencia y la transitoriedad de la existencia. La composición, con su uso magistral de la luz y el espejo, contribuye a crear una atmósfera de misterio e inquietud que perdura en la memoria del observador.