Part 1 Louvre – Corot, Jean-Baptiste-Camille (Paris 1796-1875) - Memories of Mortefontaine, 1864, 65x89
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El follaje oscuro y exuberante domina la parte izquierda del cuadro, creando una barrera visual que dirige la mirada hacia el horizonte brumoso. Un solitario árbol esbeltamente se eleva, su tronco delgado contrastando con la masa vegetal circundante. A sus pies, un pequeño grupo de figuras humanas se agrupa, aparentemente absortas en contemplación del paisaje. Una mujer, vestida con tonos rojizos, destaca por su postura y ubicación; parece estar orientada hacia el agua, como si estuviera buscando algo o alguien en la lejanía.
El cuerpo de agua que ocupa una parte significativa del plano medio se presenta difuso, casi etéreo, reflejando los cielos nubosos que lo cubren. En la distancia, se intuyen las siluetas de estructuras arquitectónicas, posiblemente ruinas o un antiguo castillo, envueltas en la niebla y desdibujadas por la perspectiva atmosférica. Estas construcciones añaden una capa de misterio e historia a la escena, sugiriendo un pasado lejano y perdido.
La paleta cromática es dominada por tonos verdes oscuros, grises y marrones, que contribuyen a crear una atmósfera sombría y contemplativa. La luz es tenue y difusa, filtrándose entre las hojas de los árboles y creando juegos de sombras sutiles. Esta iluminación suave acentúa la sensación de nostalgia y melancolía que impregna toda la obra.
Más allá de la representación literal del paisaje, se percibe una intención poética por parte del artista. La presencia humana, reducida a figuras pequeñas e insignificantes frente a la inmensidad de la naturaleza, sugiere una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la fragilidad de la existencia. El cuadro invita a la introspección, evocando sentimientos de añoranza, pérdida y un anhelo por lo que ya no está. La composición, con su equilibrio entre elementos naturales y humanos, sugiere una armonía delicada pero también una cierta tristeza inherente a la condición humana.