Chardin, Jean-Baptiste Simeon – Melon, poires, peches et prunes-Melon, pears, peaches and plums -Atelier de Chardin, replica of a painting in a private collection, dated 1760. Canvas, 60 x 52 cm M.I.1034 Part 1 Louvre
Part 1 Louvre – Chardin, Jean-Baptiste Simeon -- Melon, poires, peches et prunes-Melon, pears, peaches and plums -Atelier de Chardin, replica of a painting in a private collection, dated 1760. Canvas, 60 x 52 cm M.I.1034
Aquí se presenta una composición de bodegón que exhibe un dominio notable de la luz y el color. La disposición es sencilla: una mesa de madera oscura sirve de soporte para una selección de frutas y objetos domésticos. Un melón ocupa un lugar central, su corte revelando una textura pulposa y jugosa. A su alrededor se distribuyen peras maduras, duraznos con tonos rojizos que sugieren plenitud y unas pocas ciruelas de piel aterciopelada. La iluminación es crucial en esta obra. Una fuente de luz no visible ilumina los objetos desde un ángulo oblicuo, creando contrastes marcados entre las zonas iluminadas y las sumidas en la penumbra. Esta técnica acentúa el volumen y la materialidad de cada elemento: la piel lisa del melón, la rugosidad de las peras, la suavidad aterciopelada de los duraznos. La luz también contribuye a una atmósfera de quietud y contemplación. A la izquierda, una botella de vidrio oscuro se alza parcialmente visible, su contenido apenas insinuado por un reflejo rojizo. A la derecha, un recipiente cerámico con decoraciones florales añade un toque de elegancia discreta. La superficie del recipiente refleja la luz de manera sutil, revelando detalles en sus relieves. Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura sugiere una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza efímera de la naturaleza. Las frutas, en su estado de madurez, simbolizan la plenitud pero también el declive inevitable. La composición invita a una observación pausada, a apreciar los detalles más sutiles y a contemplar la belleza que reside en lo simple y ordinario. El uso restringido del color, dominado por tonos terrosos y verdes apagados, refuerza esta sensación de quietud y atemporalidad. La disposición aparentemente casual de los objetos sugiere una escena capturada al momento, un instante de serenidad doméstica. La ausencia de figuras humanas intensifica la introspección que provoca la obra; el espectador se convierte en testigo silencioso de este pequeño universo material.
Este sitio existe debido a los ingresos publicitarios. ¡Apaga Adblock, por favor!
Fotos aleatorias
Chardin, Jean-Baptiste Simeon -- Melon, poires, peches et prunes-Melon, pears, peaches and plums -Atelier de Chardin, replica of a painting in a private collection, dated 1760. Canvas, 60 x 52 cm M.I.1034 — Part 1 Louvre
Кому понравилось
Пожалуйста, подождите
На эту операцию может потребоваться несколько секунд. Информация появится в новом окне, если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Necesitas iniciar sesión
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
No se puede comentar Por qué?
La iluminación es crucial en esta obra. Una fuente de luz no visible ilumina los objetos desde un ángulo oblicuo, creando contrastes marcados entre las zonas iluminadas y las sumidas en la penumbra. Esta técnica acentúa el volumen y la materialidad de cada elemento: la piel lisa del melón, la rugosidad de las peras, la suavidad aterciopelada de los duraznos. La luz también contribuye a una atmósfera de quietud y contemplación.
A la izquierda, una botella de vidrio oscuro se alza parcialmente visible, su contenido apenas insinuado por un reflejo rojizo. A la derecha, un recipiente cerámico con decoraciones florales añade un toque de elegancia discreta. La superficie del recipiente refleja la luz de manera sutil, revelando detalles en sus relieves.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura sugiere una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza efímera de la naturaleza. Las frutas, en su estado de madurez, simbolizan la plenitud pero también el declive inevitable. La composición invita a una observación pausada, a apreciar los detalles más sutiles y a contemplar la belleza que reside en lo simple y ordinario. El uso restringido del color, dominado por tonos terrosos y verdes apagados, refuerza esta sensación de quietud y atemporalidad. La disposición aparentemente casual de los objetos sugiere una escena capturada al momento, un instante de serenidad doméstica. La ausencia de figuras humanas intensifica la introspección que provoca la obra; el espectador se convierte en testigo silencioso de este pequeño universo material.