Part 1 Louvre – Gillis Mostaert -- Christ on the Cross between two angels
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Aquí se presenta una composición de marcado dramatismo religioso. La figura central, un hombre crucificado, domina la escena con su anatomía expuesta y expresión serena, casi estoica. Su cuerpo, iluminado por una luz que parece emanar desde lo alto, contrasta con el fondo oscuro y tormentoso que lo envuelve. La corona de espinas, visible en su frente, es un recordatorio palpable del sufrimiento infligido.
A ambos lados de la cruz, dos figuras aladas, presumiblemente ángeles, observan la escena con semblantes de profunda tristeza y compasión. Sus posturas son asimétricas; uno inclina la cabeza hacia abajo, el otro extiende una mano como si intentara ofrecer consuelo o interceder por el condenado. La representación de los ángeles no es idealizada; se percibe en ellos una vulnerabilidad que intensifica la atmósfera emocional del conjunto.
En la parte inferior de la pintura, un paisaje urbano se despliega bajo una capa de niebla y bruma. Se distinguen edificios con techos puntiagudos, característicos de la arquitectura flamenca, así como figuras humanas dispersas, algunas en actitud de lamento, otras aparentemente indiferentes al suceso que se desarrolla en el plano superior. La presencia de un perro, abandonado a los pies de la cruz, añade una nota de desolación y abandono.
El cartel con las siglas INRI suspendido sobre la cabeza del crucificado es un elemento clave para comprender el contexto religioso de la obra: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos). Esta inscripción, colocada por los soldados romanos, subraya la naturaleza trágica y sacrificial del evento representado.
La composición general sugiere una reflexión sobre el sufrimiento humano, la redención y la compasión divina. La yuxtaposición de elementos terrenales (el paisaje urbano, las figuras humanas) con lo celestial (los ángeles, la luz que ilumina al crucificado) crea una tensión visual que invita a la contemplación y a la interpretación simbólica. La atmósfera melancólica y el uso del claroscuro contribuyen a generar un efecto de solemnidad y misterio. Se intuye una intención de conmover al espectador y provocar una respuesta emocional profunda ante la representación de la Pasión.