MAKAROV Ivan - Portrait of Empress Maria Alexandrovna (1824-1880), wife of Alexander II
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La mujer está ataviada con un vestido suntuoso, de corte amplio y silueta acampanada que sugiere opulencia y estatus social elevado. El tejido, aparentemente de seda o satén, presenta una rica ornamentación en los bordes y el corpiño, con detalles que recuerdan a la joyería preciosa. La paleta cromática es cálida, dominada por tonos dorados, beige y marrones, que realzan la elegancia del conjunto y contribuyen a crear una atmósfera de solemnidad y refinamiento.
El rostro de la retratada se presenta sereno y melancólico. Sus ojos, ligeramente hundidos, transmiten una sensación de introspección y quizás, cierta tristeza contenida. El peinado, elaborado con rizos recogidos y adornado con joyas, refuerza su imagen de nobleza y distinción. La pose es formal y rígida, propia del retrato oficial, aunque se intuye un ligero giro que le otorga una sutil naturalidad.
El fondo, difuminado en tonos cálidos, está ocupado por grandes telas colgantes que sugieren la grandiosidad de los espacios palaciegos. A la derecha, se distingue un objeto decorativo, posiblemente una urna o jarrón, que añade un elemento de simbolismo y refuerza la idea de poder y riqueza.
En cuanto a los subtextos, el retrato parece querer transmitir una imagen idealizada de la mujer retratada: una figura de noble cuna, virtuosa y digna de respeto. La formalidad de la pose, la opulencia del vestuario y la atmósfera solemne contribuyen a crear un aura de misterio y autoridad. No obstante, la melancolía en su mirada sugiere una complejidad emocional que trasciende la mera representación superficial de una figura pública. Se intuye una vida marcada por las responsabilidades inherentes a su posición social, quizás con sus propias cargas y secretos. La pintura, más allá de ser un mero retrato, se erige como un documento histórico que nos permite vislumbrar el mundo interior de una mujer que vivió en una época de grandes cambios sociales y políticos.