Adolf Kaufmann – Summer landscape with grazing cows; Sommerlandschaft mit weidenden Kühen
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El primer plano está dominado por un camino embarrado que serpentea a través de la hierba alta y florecida. Esta vegetación, aunque abundante, muestra signos de marchitez, con tonos ocres y amarillentos predominantes. Un árbol solitario, despojado de gran parte de su follaje, se alza a la izquierda, sus ramas retorcidas apuntando hacia el cielo nublado. Su presencia imponente contrasta con la aparente fragilidad del entorno.
En el plano medio, un pequeño grupo de vacas pasta tranquilamente en una zona más húmeda, posiblemente un abrevadero o una pequeña charca. La luz se refleja en el agua, creando destellos que atraen la mirada y añaden una sensación de quietud y serenidad a la escena. La paleta de colores aquí es más rica, con tonos rojizos y marrones en los animales contrastando con el verde apagado del pasto.
El fondo está ocupado por un bosque denso, cuyas copas arden con tonalidades anaranjadas y doradas, sugiriendo la luz filtrándose a través de las hojas restantes. Este segundo plano se difumina ligeramente, creando una sensación de profundidad y distancia. El cielo, cubierto de nubes grises, contribuye a la atmósfera melancólica y contemplativa del paisaje.
La pintura evoca un sentimiento de nostalgia y reflexión sobre el paso del tiempo. La yuxtaposición entre el título que alude al verano y la representación visual de una estación más tardía sugiere quizás una idealización del pasado o una meditación sobre la fugacidad de la belleza natural. El camino, como símbolo de viaje y progreso, se presenta embarrado y difícil, insinuando los obstáculos y desafíos inherentes a la vida. La presencia de las vacas, animales asociados con la tranquilidad y la abundancia, podría interpretarse como un consuelo frente a la inestabilidad del entorno. En general, el autor ha logrado capturar una atmósfera de calma melancólica, invitando al espectador a contemplar la belleza efímera del mundo natural y la inevitabilidad del cambio.