Antique world maps HQ – Gerhard Mercator - Virginiae item et Floridae, 1606
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La proyección utilizada distorsiona notablemente la forma real de los continentes, especialmente hacia las regiones polares; esto sugiere una prioridad en la representación de las rutas marítimas y las relaciones espaciales relevantes para la navegación europea de la época, más que una fidelidad estricta a la geografía. Se observa una meticulosa atención al detalle en el trazado de las líneas costeras, los accidentes geográficos menores y la ubicación de algunos asentamientos o nombres de lugares indígenas.
En las esquinas del mapa, se incluyen pequeñas representaciones de territorios periféricos: Groenlandia, Cipango (Japón), Cuba y una región no identificada en el extremo sur. Estas inclusiones, aunque marginales en tamaño, podrían indicar la amplitud de los conocimientos geográficos disponibles o las aspiraciones cartográficas del autor.
La presencia de inscripciones latinas a lo largo del mapa denota un público culto y familiarizado con la tradición académica europea. La leyenda inferior, también en latín, identifica el continente como “India Nova” y atribuye la obra a Mercator.
El uso de una cuadrícula sobrepuesta al continente sugiere un intento de sistematizar la información geográfica y facilitar la localización precisa de puntos específicos. Sin embargo, esta cuadrícula no se extiende uniformemente por toda la superficie del mapa, lo que podría indicar limitaciones en la precisión de las mediciones o diferencias en el conocimiento disponible para distintas regiones.
El grabado transmite una clara sensación de dominio europeo sobre los territorios representados. La cartografía misma actúa como un instrumento de poder, al definir y delimitar espacios geográficos, establecer nombres y reclamar soberanía sobre tierras percibidas como “nuevas” pero habitadas por poblaciones originarias. El énfasis en las costas y las rutas marítimas refleja la importancia del comercio y la exploración para los intereses económicos y políticos de Europa en el Nuevo Mundo. La estética ornamental que rodea el mapa, con motivos vegetales y elementos decorativos, contrasta con la precisión científica aparente de la cartografía central, sugiriendo una combinación de conocimiento empírico y representaciones simbólicas del poder colonial.