Antique world maps HQ – Cornelis Mortier - North and South Pole, 1720
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La cartografía en sí misma es notablemente imprecisa; se observa una ausencia de detalles geográficos precisos, reemplazados por una representación esquemática que refleja más la especulación científica y la imaginación de la época que el conocimiento empírico. Las tierras polares son representadas como extensiones terrestres significativas, a pesar de la limitada evidencia disponible en el siglo XVIII sobre su verdadera naturaleza.
En la parte superior e inferior de la imagen, se despliegan alegorías personificadas. En la zona superior, una figura femenina alada, presumiblemente representando el Polo Norte (Boreas), emerge entre nubes y figuras celestiales, sosteniendo un cetro o bastón que simboliza su dominio sobre esa región. Similarmente, en la parte inferior, una figura femenina con atributos asociados a la Antártida (Notos) se presenta de manera análoga, aunque con una paleta de colores más fría y una atmósfera ligeramente diferente. Estas figuras personificadas no solo sirven como elementos decorativos, sino que también refuerzan la idea de los polos como entidades míticas y poderosas.
En la base de las esferas polares, se observa un grupo de hombres vestidos con ropas elaboradas, posiblemente representando exploradores o científicos. Estos personajes parecen contemplar las tierras desconocidas con una mezcla de asombro y ambición, sugiriendo el deseo humano de explorar y conquistar lo inexplorado. La disposición de estas figuras en actitud de observación refuerza la idea del conocimiento científico como un proceso activo y dinámico.
El uso del color es significativo. Los tonos cálidos dominan la representación del Polo Norte, mientras que los colores fríos prevalecen en el Polo Sur, posiblemente para enfatizar las diferencias percibidas entre estos polos. La ornamentación general, con sus elementos alegóricos y su estilo barroco, denota una intención de elevar la cartografía a un nivel artístico y simbólico más elevado.
Subyacentemente, esta representación refleja la mentalidad científica del siglo XVIII, caracterizada por la curiosidad intelectual, el deseo de expansión territorial y la confianza en la capacidad humana para comprender y dominar la naturaleza. La imagen no solo es una representación geográfica, sino también un documento cultural que revela las aspiraciones y los prejuicios de su época. La ausencia de precisión cartográfica se compensa con una riqueza simbólica que invita a la reflexión sobre el papel del conocimiento, la exploración y la imaginación en la construcción de nuestro entendimiento del mundo.