Antique world maps HQ – Nicolas de Fer - Map of the New World, 1713
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La representación geográfica se caracteriza por un estilo decorativo propio del siglo XVIII. Los contornos de los continentes están delineados con cierta precisión, aunque la topografía interior es simplificada y estilizada. Se observa una marcada tendencia a la idealización, donde las formas terrestres parecen suavizadas y adaptadas a una estética ornamental más que a una exactitud científica.
Un elemento distintivo son las escenas marítimas representadas en los márgenes de cada sección. En el lado sur, se aprecia un buque con velas desplegadas, posiblemente simbolizando la exploración y el comercio. A su lado, una estructura fortificada sugiere la presencia militar o la defensa de territorios reclamados. Similarmente, en el margen norte, se visualiza otra embarcación junto a una construcción que podría interpretarse como un asentamiento colonial. Estas escenas no son meros adornos; funcionan como narrativas visuales que contextualizan la función del mapa: documentar y justificar la expansión europea.
La paleta de colores es rica y variada, con tonos pastel predominantes en las áreas terrestres y azules intensos para representar los océanos. El uso del color no solo sirve para diferenciar las regiones geográficas, sino también para crear una sensación de profundidad y realismo. La tipografía utilizada es elegante y legible, con nombres de lugares y regiones escritos en francés, reflejando la influencia cultural de la época.
Subyace a esta cartografía un discurso de poder y dominio. El mapa no solo muestra el mundo, sino que lo organiza según una perspectiva eurocéntrica. Las posesiones españolas y portuguesas están claramente marcadas, mientras que las poblaciones indígenas son prácticamente invisibles o representadas de manera estereotipada en las escenas marginales. La precisión geográfica se ve comprometida por la necesidad de legitimar las reclamaciones territoriales y proyectar una imagen de control sobre un vasto territorio aún desconocido para muchos europeos.
En definitiva, esta cartografía es más que una simple representación del Nuevo Mundo; es un documento histórico que revela las ambiciones coloniales, los intereses económicos y las convenciones estéticas de su tiempo. La belleza formal de la obra no debe eclipsar el mensaje implícito: la imposición de una visión europea sobre un mundo diverso y complejo.