Antique world maps HQ – Nicolas Desliens - Planisphere, 1566
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La cartografía se organiza en tres secciones verticales principales. La sección central domina la composición, mostrando una masa continental extensa y compleja, detallada con una red de ríos serpenteantes, montañas esquemáticas y asentamientos urbanos indicados por pequeños símbolos. Esta área central parece representar un territorio que combina elementos reconocibles de Europa con extensiones desconocidas o poco exploradas. Se observa una atención particular a la topografía, aunque simplificada para facilitar la comprensión general del mapa.
A ambos lados de esta sección central, se extienden otras áreas terrestres, menos detalladas pero igualmente importantes en la narrativa cartográfica. En el lado izquierdo, se distinguen islas y costas que parecen corresponderse con regiones atlánticas, mientras que a la derecha, una zona más fragmentada sugiere un archipiélago o una costa costosa.
Un elemento distintivo son los barcos representados en las zonas marítimas. Estos no son meros adornos; indican rutas comerciales o de exploración, sugiriendo la actividad humana y el deseo de conocer y conquistar nuevos territorios. La presencia de estos buques refuerza la idea de un mundo en expansión, donde la navegación es fundamental para el descubrimiento y la conexión entre diferentes regiones.
La paleta cromática es limitada: predominan los tonos verdosos y amarillentos sobre un fondo más claro, lo que confiere a la cartografía una apariencia antigua y descolorida. La escritura, en caracteres latinos, está presente en todo el plano, identificando lugares, ríos y posiblemente nombres de gobernantes o exploradores. La tipografía es elegante y legible, aunque su tamaño varía según la importancia del elemento que describe.
Más allá de su función puramente geográfica, esta representación cartográfica revela una serie de subtextos culturales e ideológicos. El mapa no solo busca representar el mundo conocido, sino también proyectar una visión particular de él: un mundo ordenado, jerarquizado y susceptible de ser explorado y dominado. La combinación de elementos reales e imaginarios sugiere la incertidumbre del conocimiento geográfico en la época, así como la ambición humana de llenar los vacíos con su propia interpretación. La presencia constante de nombres propios implica una reivindicación de la memoria histórica y el reconocimiento de aquellos que contribuyeron a la expansión del mundo conocido. En definitiva, se trata de un documento que refleja tanto el estado del conocimiento geográfico en su tiempo como las aspiraciones culturales y políticas de la época.