Sir Edward Burne-Jones – Le Chant d’Amour (Song of Love)
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En el centro, una figura femenina, presumiblemente un ser angelical por sus alas apenas visibles tras un velo rojo, interpreta un instrumento musical que recuerda a las kálatas o salterios. Su rostro es sereno y ligeramente melancólico, con la mirada fija en un punto indefinido. La luz incide sobre su cabello ondulado y su vestimenta de tonalidades doradas, otorgándole una aura de pureza y divinidad.
A su derecha, otro ángel, vestido de rojo intenso y coronado con flores, observa a la mujer que toca el instrumento. Su expresión es de anhelo o quizás de resignación, sugiriendo una conexión emocional profunda con la escena.
El fondo presenta un paisaje urbano medieval difuminado, con edificios de piedra y torres elevándose entre la vegetación. La atmósfera es brumosa, lo cual contribuye a la sensación de ensueño y misterio que impregna la obra. Un jardín floreciente en el primer plano introduce una nota de vitalidad y belleza terrenal.
La pintura parece explorar temas relacionados con el amor, la música, la espiritualidad y la melancolía. El caballero podría representar al amante terrestre, anhelando un ideal inalcanzable personificado por la figura femenina. Los ángeles, a su vez, simbolizan la conexión entre lo divino y lo humano, o quizás representan diferentes facetas del amor: el amor terrenal (el caballero), el amor inspirador (la mujer que toca) y el amor contemplativo (el segundo ángel). La música, elemento central de la composición, actúa como un puente entre estos personajes y sus emociones.
La paleta de colores es rica en tonos dorados, rojos y verdes, creando una atmósfera cálida y envolvente. El uso de la luz es sutil pero efectivo, resaltando las figuras principales y contribuyendo a la sensación de misterio y trascendencia que caracteriza a la obra. La composición general sugiere un momento suspendido en el tiempo, una escena de íntima contemplación donde los límites entre lo real y lo ideal se desdibujan.