Execution of Emperor Maximilian of Mexico, June 19, 1867 Édouard Manet (1832-1883)
Édouard Manet – Execution of Emperor Maximilian of Mexico, June 19, 1867
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Pintor: Édouard Manet
Ubicación: Stadtische Kunsthalle, Mannheim.
Édouard Manet nació en el seno de una familia acomodada: su padre era jefe de un departamento del Ministerio de Justicia y su madre, hija de un diplomático. El padre del niño se oponía rotundamente a que su hijo recibiera educación artística. Sus primeras clases de pintura fueron pagadas por su tío. Ante la insistencia de su padre, Manet se matriculó dos veces en la Escuela Marítima y fracasó en dos ocasiones.
Descripción del cuadro de Edouard Manet "La ejecución del emperador Maximiliano".
Édouard Manet nació en el seno de una familia acomodada: su padre era jefe de un departamento del Ministerio de Justicia y su madre, hija de un diplomático. El padre del niño se oponía rotundamente a que su hijo recibiera educación artística. Sus primeras clases de pintura fueron pagadas por su tío. Ante la insistencia de su padre, Manet se matriculó dos veces en la Escuela Marítima y fracasó en dos ocasiones. Para entonces, toda la familia del joven artista comprendió que su vocación era el lienzo y los pinceles. Sin embargo, la carrera de Manet no fue fácil y tuvo que enfrentarse a la incomprensión de la crítica y del público durante casi toda su carrera. Su devoción por el desnudo fue motivo de escándalo, y el Salón de París consideró su obra indecente.
El cuadro "La ejecución del emperador Maximiliano" representa un momento difícil y de transición en la historia de México. Maximiliano fue coronado emperador en el momento de la conquista francesa de las tierras mexicanas. Sin embargo, las fuerzas armadas del país permanecieron leales al verdadero presidente mexicano, Benito Juárez, y no estaban dispuestas a someterse a un forastero procedente de Europa. Maximiliano fue capturado y fusilado.
Édouard Manet se interesaba intensamente por la política, y el acontecimiento le causó una profunda impresión. Existen varias versiones del cuadro, las más conocidas se conservan en Mannheim. Los soldados del cuadro están vestidos con uniformes de campaña estándar que son comunes no sólo en México sino también en muchos otros países. Junto a Maximiliano hay dos generales leales a él. El sombrero de la cabeza del Emperador se sostiene en la parte superior de la cabeza, lo que crea dos símbolos interesantes y muy llamativos. En primer lugar, el sombrero parece fuera de tamaño y a punto de desprenderse, lo que alude al ineficaz y realmente desastroso gobierno de Maximiliano, que no entendía en absoluto al pueblo mexicano. En segundo lugar, la parte superior del sombrero, ribeteada en oro, se asemeja a la aureola de un mártir, a la aureola de un santo. Desde detrás de la valla, los espectadores observan la ejecución. En general, el cuadro parece bastante tranquilo, lo que ha provocado críticas al cuadro y a la censura del gobierno. Debido a su distanciamiento y ambigüedad, se prohibió su exhibición en público.
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La paleta cromática es deliberadamente limitada: predominan los tonos grises, azules oscuros y verdes apagados, acentuados por el blanco de las insignias militares. Esta restricción tonal refuerza la sensación de desolación y fatalidad. La luz, aunque presente, no suaviza la crudeza del momento; más bien, ilumina con precisión los rostros de los soldados y los detalles de sus uniformes, enfatizando su rol en el acto violento.
En segundo plano, una hilera de prisioneros observa la ejecución, retratados como figuras anónimas y deshumanizadas, extendidos sobre el suelo. Su presencia subraya la magnitud del evento y sugiere un contexto político más amplio, uno de represión y conflicto. La vegetación que se vislumbra tras la pared añade una nota discordante; su vitalidad contrasta con la muerte inminente representada en primer plano.
La composición es notable por su ausencia de idealización. No hay héroes ni villanos evidentes; solo soldados cumpliendo órdenes y víctimas condenadas. El autor parece interesado en registrar un hecho histórico, despojándolo de cualquier romanticismo o sentimentalismo. La frialdad con la que se aborda el tema sugiere una crítica implícita a la violencia política y a la ejecución sumaria como instrumento de poder. Se percibe una intención de documentar la brutalidad del evento para que sirva de testimonio y, quizás, de advertencia. El detalle de los uniformes, meticulosamente representados, podría interpretarse como un comentario sobre la institucionalización de la violencia y cómo ésta se legitima a través de símbolos de autoridad. La ausencia de expresiones faciales en los soldados refuerza esta idea; son meros ejecutores, desprovistos de individualidad o remordimiento.