Francesco de Mura – Apparition of the Host to Saint Thomas Aquinas
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La escena transcurre bajo un cielo nublado, iluminado por una luz dorada que emana del elemento central: una hostia resplandeciente. Esta luz no solo ilumina al hombre arrodillado, sino que también baña a los ángeles que lo acompañan en la parte superior de la composición. Estos seres alados, con sus rostros serenos y gestos de adoración, refuerzan el carácter sagrado del momento. Uno de ellos, situado más cerca del espectador, sostiene un espejo o disco reflectante, como si invitara a contemplar la divinidad representada en la hostia.
La disposición de las figuras es cuidadosamente orquestada para dirigir la mirada hacia el punto focal: la hostia. El hombre inclina su cabeza y extiende una mano con gesto interrogativo, buscando comprender lo que se le presenta. Su postura transmite humildad y duda, elementos comunes en representaciones de experiencias místicas o revelaciones divinas.
El uso del color es significativo. Predominan los tonos cálidos – dorados, ocres y amarillos – que sugieren la presencia de lo divino y la trascendencia. El contraste con el azul profundo de las túnicas de la figura celestial aporta una sensación de solemnidad y misterio. La paleta cromática contribuye a crear una atmósfera de recogimiento y devoción.
Subyace en esta pintura un mensaje sobre la fe, la duda y la revelación. El hombre representa al creyente que busca comprender los misterios de la divinidad, mientras que la figura celestial simboliza la manifestación de lo sagrado. El espejo sostenido por uno de los ángeles podría interpretarse como una invitación a la introspección y a la reflexión sobre la propia fe. La escena evoca un momento crucial en el camino espiritual del individuo, donde la razón se enfrenta a la experiencia mística. La composición, con su verticalidad marcada y su iluminación teatral, busca generar una respuesta emocional en el espectador, invitándolo a participar en este encuentro sagrado.