Francesco de Mura – Allegory of Wisdom and Truth
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En el centro inferior, un anciano, desnudo parcialmente y recostado sobre lo que parece ser un lecho o diván, se presenta como figura central de la narrativa. Su expresión es de asombro y receptividad; extiende una mano hacia arriba, buscando comprender aquello que se revela ante él. La piel curtida por el tiempo sugiere una vida dedicada a la búsqueda del conocimiento, ahora recompensada con esta visión celestial.
Sobre él, un grupo de figuras femeninas y angelicales despliegan una escena de revelación. Una figura femenina, vestida con ropajes ricos en tonos verdes y azules, parece sostener o presentar un objeto que se oculta parcialmente tras ella. Su gesto es deliberado, casi teatral, como si ofreciera un tesoro al anciano. A su lado, otro ángel, con una expresión serena y paternalista, sostiene una corona de flores, símbolo de victoria y honor.
En el extremo superior derecho, una figura masculina alada se eleva sobre las demás, irradiando luz y autoridad. Su presencia es imponente, casi divina, y parece ser la fuente de esa iluminación que baña toda la escena. A sus pies, un niño desnudo, con una expresión de inocencia y curiosidad, observa el desarrollo de los acontecimientos.
El uso del color es significativo: los tonos dorados y amarillos predominan en las figuras celestiales, sugiriendo divinidad y sabiduría; mientras que los azules y verdes presentes en la figura femenina aportan un matiz de serenidad y armonía. La composición se articula alrededor de una diagonal ascendente, desde el anciano hasta la figura alada, guiando la mirada del espectador hacia lo alto y enfatizando la idea de elevación espiritual.
Subyacentemente, la pintura parece explorar temas como la iluminación intelectual, la búsqueda de la verdad y la recompensa por la virtud. El anciano representa a aquel que ha dedicado su vida al estudio y ahora es digno de recibir la revelación divina. Las figuras femeninas y angelicales personifican la sabiduría y la verdad, mientras que el niño simboliza la inocencia y la promesa del futuro. La escena en su conjunto transmite un mensaje de esperanza y redención, invitando a la contemplación y al anhelo de lo trascendente.