Francois Perrier – The Deification of Aeneas
Ubicación: Private Collection
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El hombre, vestido con una túnica blanca, parece estar siendo coronado o bendecido por la figura femenina, quien porta un manto azul intenso que contrasta con su piel clara y resalta su postura de superioridad. Su gesto, al levantar el brazo como para ajustar el velo, denota una actitud a la vez maternal y distante. A su lado, un niño pequeño se aferra a ella, posiblemente representando la descendencia o el futuro del hombre prostrado.
A la izquierda, otro personaje masculino, de edad avanzada y con barba canosa, sostiene un ánfora o recipiente ritual, vertiendo lo que parece ser una ofrenda sobre el cuerpo del hombre yacente. Su expresión es solemne y su postura sugiere reverencia y respeto. La luz incide fuertemente sobre sus músculos tensos, acentuando la sensación de esfuerzo físico y devoción.
En el extremo derecho, se aprecia un carro tirado por una cuadriga, con armaduras y un escudo brillante que reflejan la luz. Este elemento introduce una connotación bélica o heroica a la escena, sugiriendo quizás la victoria o el triunfo del hombre prostrado. La presencia de una paloma blanca sobrevolando el carro refuerza esta idea de paz y divinidad.
La composición se articula en torno a un eje vertical definido por la figura femenina, que atrae la mirada hacia el centro de la escena. El uso de la luz es contrastante: zonas iluminadas intensamente conviven con áreas sumidas en la penumbra, creando una atmósfera de misterio y solemnidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la divinidad, el heroísmo y la legitimación del poder. La coronación o bendición sugiere una ascensión a un estado superior, posiblemente una deificación post mortem. El personaje anciano podría representar a un sacerdote o figura religiosa que participa en el ritual de elevación. El niño simboliza la continuidad y la esperanza para el futuro. La presencia del carro con las armas alude a los logros militares y a la consolidación del poder. En conjunto, la pintura transmite una sensación de trascendencia y de la perpetuación de un legado a través de la divinidad.