French artists – Fragonard Alexandre Evariste The Magician
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En primer plano, dos figuras humanas se encuentran en posturas de asombro y reverencia. Una mujer, ataviada con una vestimenta elegante que sugiere un estatus social elevado, está sentada sobre lo que parece ser un banco o reposo, con las manos juntas en señal de súplica o temor. Su expresión es de expectación contenida, casi de fascinación ante lo que acontece. A su lado, una figura infantil, vestida con ropas más humildes, se arrodilla, extendiendo la mano hacia el suelo como si intentara alcanzar algo que ha sido conjurado por la magia.
La figura central y dominante es un hombre encapuchado, vestido con ropajes oscuros y portando un bastón o vara de aspecto ceremonial. Su rostro permanece en gran medida oculto en las sombras, lo que contribuye a su aura de misterio e impenetrabilidad. El hombre parece ser el ejecutor del acto mágico, el catalizador de la escena sobrenatural. A sus pies, una pequeña criatura, posiblemente un perro, se encuentra también iluminada por el resplandor, añadiendo un elemento de sorpresa y extrañeza a la composición.
El fondo es difuso y nebuloso, con sugerencias de arquitectura clásica que apenas se distinguen entre las sombras. Una columna imponente se alza en el extremo derecho, proporcionando una referencia vertical que contrasta con la horizontalidad de los personajes principales.
La pintura sugiere un interés por lo oculto, lo sobrenatural y el poder de la ilusión. La presencia de la mujer noble implica una fascinación por las artes mágicas entre las clases altas, mientras que la figura infantil representa quizás la inocencia o la vulnerabilidad ante lo desconocido. El hombre encapuchado podría interpretarse como un símbolo del conocimiento prohibido, o incluso como una representación alegórica de la propia capacidad humana para crear ilusiones y manipular la percepción. La escena evoca una sensación de temor reverencial, una mezcla de asombro y aprensión ante fuerzas que escapan al control racional. El uso magistral de la luz y la sombra intensifica el dramatismo y contribuye a la atmósfera enigmática de la obra.