George William Joy – The Kings Drum Shall Never be Beaten for the Rebels
Ubicación: Russell-Cotes Art Gallery, Bournemouth.
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El músico, ataviado con un uniforme rojo y negro característico de la época, se encuentra sentado sobre un tronco caído, sosteniendo un par de tambores militares. Su postura es tensa, su mirada dirigida hacia el hombre de levita, sugiriendo una mezcla de cautela e incertidumbre. La presencia de los tambores, instrumentos tradicionalmente asociados con la guerra y la celebración de victorias, adquiere en este contexto una resonancia ambivalente.
En segundo plano, se vislumbran soldados armados, algunos de pie y otros agachados, preparados para el combate. Una bandera ondea a lo lejos, indicando la presencia de fuerzas militares organizadas. La vegetación densa y los tonos terrosos dominan el paisaje, creando una atmósfera opresiva y cargada de tensión.
La iluminación es desigual, con fuertes contrastes entre las zonas iluminadas y las áreas en sombra. Esto contribuye a acentuar la dramatización de la escena y a dirigir la atención del espectador hacia los personajes principales. La pincelada es suelta y expresiva, lo que confiere a la obra una sensación de inmediatez y realismo.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como la lealtad, el deber, la rebelión y las consecuencias de la guerra. El gesto del hombre de levita plantea interrogantes sobre la naturaleza de su autoridad y sus intenciones. La postura del músico sugiere una crisis moral o un conflicto interno entre su obligación militar y sus convicciones personales. La presencia de los tambores, símbolos de la guerra, se contrapone a la atmósfera sombría y melancólica que impregna la escena, insinuando quizás el costo humano del conflicto. El entorno natural, con su belleza agreste, sirve como telón de fondo para esta confrontación humana, enfatizando la fragilidad de la vida frente a la brutalidad de la guerra. La obra invita a una reflexión sobre los dilemas éticos y las complejidades inherentes al conflicto armado.