Boris Grigoriev – Enter!
Ubicación: Pushkin State Museum, Moscow (ГМИИ им. Пушкина).
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En primer plano, se distinguen figuras humanas con vestimentas y apariencias variadas. A la izquierda, una figura desnuda, parcialmente cubierta por una tela brillante, parece estar en reposo, quizás esperando su turno para salir al escenario. A su lado, otra figura, ataviada con un vestido blanco de encaje, se presenta de espaldas, ofreciendo una visión íntima y vulnerable de su cuerpo. El uso del color es deliberado: la palidez de la piel contrasta con el rojo vibrante del suelo, acentuando la sensación de exposición.
Más adelante, se aprecia una figura masculina vestida con un traje oscuro y una bufanda que le cubre parcialmente el rostro. Su postura sugiere cansancio o desinterés. Junto a él, una mujer con un elaborado tocado floral se encuentra en una posición ligeramente encorvada, su expresión difícil de interpretar; podría ser melancolía, resignación o incluso una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos. Finalmente, a la derecha, otra figura masculina, vestida con un traje azul y verde, parece observar al espectador con una mirada que mezcla curiosidad y desconfianza.
La iluminación es desigual, creando zonas de sombra y luz que contribuyen a la atmósfera misteriosa y ambigua de la escena. El fondo está difuminado, sugiriendo la presencia de otros espacios o personajes fuera del campo visual inmediato. Se intuye una cama con ropa blanca, un elemento que podría simbolizar el descanso, la fragilidad o incluso la decadencia.
Subtextualmente, esta pintura parece explorar temas como la vulnerabilidad, la soledad y la artificialidad inherente al mundo del espectáculo. Las figuras no son héroes ni villanos; son individuos atrapados en una rutina, expuestos a las presiones y exigencias de su oficio. La ausencia de una narrativa clara invita a la reflexión sobre la condición humana y la complejidad de las emociones que se esconden tras las máscaras que todos llevamos. El desorden del espacio sugiere un mundo interno caótico, donde los sueños y las frustraciones coexisten en tensión constante. La paleta de colores, aunque limitada, es expresiva y contribuye a crear una atmósfera de melancolía y resignación.