Hermitage ~ part 10 – Ribera, José de - St. Onufry
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Aquí se presenta una figura masculina anciana, representada en un estado de evidente austeridad y devoción. La iluminación dramática, concentrada sobre el rostro y las manos del personaje, acentúa la textura rugosa de su piel envejecida, marcada por profundas arrugas que sugieren una vida de privaciones y penitencia. El cabello, largo y canoso, se mezcla con una barba abundante, contribuyendo a la imagen de un hombre consumido por el tiempo y las experiencias.
La figura está desnuda en parte superior, cubierta únicamente por lo que parece ser una piel de animal, símbolo tradicional de ascetismo y renuncia al mundo material. Sus manos están alzadas en actitud orante, con los dedos entrelazados, transmitiendo un sentimiento de súplica o contemplación profunda. Un rosario, colgado alrededor de su cuello, refuerza la connotación religiosa de la escena.
En primer plano, sobre una mesa tosca, se observa un cráneo humano, elemento recurrente en el arte como memento mori, recordatorio de la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Junto al cráneo, se aprecia una pequeña calavera, posiblemente representando a un animal, que añade otra capa de simbolismo relacionado con la fragilidad y la transitoriedad. Una rudimentaria cruz de madera completa el conjunto de objetos sobre la mesa.
El fondo es oscuro y difuso, casi completamente ausente de detalles, lo que concentra toda la atención en la figura central y sus atributos. La luz, proveniente de una fuente no visible, modela con fuerza los volúmenes del cuerpo, creando un contraste intenso entre las zonas iluminadas y las sumidas en la sombra.
Subyacentemente, la obra explora temas como la fe, el sacrificio personal, la humildad y la confrontación con la mortalidad. La representación de la figura anciana, despojada de todo lujo y adornos, invita a una reflexión sobre los valores espirituales frente a las vanidades terrenales. La presencia del cráneo no solo simboliza la muerte, sino también la necesidad de aceptar la condición humana y buscar la trascendencia. El uso de la piel de animal sugiere un rechazo deliberado de lo mundano en favor de una vida dedicada a la contemplación divina. La composición general transmite una sensación de introspección y recogimiento, invitando al espectador a compartir el momento de oración del personaje representado.