Hermitage ~ part 03 – Veniks, Jan - Still Life
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En el centro de la composición, suspendidos del techo implícito por el marco, encontramos aves disecadas: un faisán principal y otros pájaros más pequeños. Su disposición, con las patas atadas y el cuello expuesto, evoca una reflexión sobre la muerte y la fragilidad de la vida. La presencia de estas aves, tradicionalmente símbolos de caza y abundancia, se ve aquí matizada por su estado de inmovilidad y despojo.
En primer plano, un macaco antropomórfico se sienta en un reposo aparentemente despreocupado sobre una superficie oscura y horizontal. Su mirada parece dirigida hacia el espectador, generando una sensación de complicidad o incluso burla. La presencia del primate introduce una dimensión simbólica compleja; a menudo utilizado en la iconografía para representar la vanidad humana, la imitación de las costumbres sociales y la relación entre civilización y naturaleza.
La mesa sobre la que se asienta el macaco está profusamente cargada con frutas: uvas verdes, una melocotón madura, higos y otras bayas. Esta abundancia material contrasta con la presencia de las aves muertas, creando una tensión visual y conceptual entre la vida y la muerte, el placer y la decadencia. La luz que incide sobre las frutas resalta su textura y color, invitando a una contemplación sensorial.
La pintura parece sugerir una meditación sobre la transitoriedad de la existencia. Los elementos naturales, tanto vivos como muertos, se presentan en un equilibrio precario, recordándonos la inevitabilidad del cambio y la fugacidad de los placeres terrenales. La figura humana distante, apenas visible a través del follaje, podría interpretarse como una representación de la conciencia humana, observando desde lejos el ciclo incesante de la vida y la muerte. El macaco, con su actitud ambigua, se erige como un espejo que refleja las contradicciones inherentes a la condición humana: nuestra capacidad para disfrutar de los placeres materiales mientras somos conscientes de nuestra propia mortalidad.