Aboriginal Corroboree in Van Diemen’s Land (Moonlight Dance of the Aborigines in Van Diemen’s Land, Tasmania; Natives at a Corrobory) John Glover (1767-1849)
Aquí se observa una escena nocturna de marcado contraste lumínico. La composición se articula en torno a un grupo humano reunido en un claro boscoso, iluminado por la luz plateada de una luna llena que domina el cielo. Los árboles, de troncos gruesos y siluetas retorcidas, encuadran la escena, creando una atmósfera densa y misteriosa. La vegetación es abundante, con follaje oscuro que acentúa la sensación de profundidad y aislamiento. El grupo humano parece estar participando en un ritual o ceremonia. Sus figuras se distinguen por su movimiento y energía, aunque la penumbra dificulta apreciar detalles individuales. Se percibe una dinámica circular, sugiriendo danza o canto colectivo. La disposición de los cuerpos, algunos erguidos y otros agachados, transmite una sensación de fervor y conexión espiritual. La paleta cromática es limitada, dominada por tonos oscuros: marrones, verdes apagados y negros profundos. El blanco de la luna actúa como un punto focal crucial, atrayendo la mirada y enfatizando el carácter sagrado del evento representado. La luz lunar no solo ilumina a los participantes, sino que también proyecta sombras alargadas y fantasmagóricas sobre el suelo, intensificando la atmósfera onírica y evocadora. Más allá de la representación literal de una ceremonia indígena, la obra parece sugerir una reflexión sobre la relación entre la cultura europea y las poblaciones originarias. La luz de la luna, símbolo tradicional de lo femenino, lo instintivo y lo oculto, podría interpretarse como un intento de comprender o incluso romantizar una forma de vida diferente a la occidental. No obstante, la oscuridad que rodea al grupo humano también puede leerse como una metáfora del desconocimiento, el miedo o la amenaza que representaba la colonización para los pueblos aborígenes. La distancia entre el observador (implícito en la perspectiva) y el evento representado genera una sensación de voyeurismo, invitando a la contemplación pero también a la reflexión crítica sobre las implicaciones éticas de la representación artística. El paisaje, aunque exuberante, se siente opresivo, como si la naturaleza misma estuviera protegiendo un mundo que está siendo invadido.
Este sitio existe debido a los ingresos publicitarios. ¡Apaga Adblock, por favor!
Aboriginal Corroboree in Van Diemen’s Land (Moonlight Dance of the Aborigines in Van Diemen’s Land, Tasmania; Natives at a Corrobory) — John Glover
Кому понравилось
Пожалуйста, подождите
На эту операцию может потребоваться несколько секунд. Информация появится в новом окне, если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Necesitas iniciar sesión
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
No se puede comentar Por qué?
El grupo humano parece estar participando en un ritual o ceremonia. Sus figuras se distinguen por su movimiento y energía, aunque la penumbra dificulta apreciar detalles individuales. Se percibe una dinámica circular, sugiriendo danza o canto colectivo. La disposición de los cuerpos, algunos erguidos y otros agachados, transmite una sensación de fervor y conexión espiritual.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos oscuros: marrones, verdes apagados y negros profundos. El blanco de la luna actúa como un punto focal crucial, atrayendo la mirada y enfatizando el carácter sagrado del evento representado. La luz lunar no solo ilumina a los participantes, sino que también proyecta sombras alargadas y fantasmagóricas sobre el suelo, intensificando la atmósfera onírica y evocadora.
Más allá de la representación literal de una ceremonia indígena, la obra parece sugerir una reflexión sobre la relación entre la cultura europea y las poblaciones originarias. La luz de la luna, símbolo tradicional de lo femenino, lo instintivo y lo oculto, podría interpretarse como un intento de comprender o incluso romantizar una forma de vida diferente a la occidental. No obstante, la oscuridad que rodea al grupo humano también puede leerse como una metáfora del desconocimiento, el miedo o la amenaza que representaba la colonización para los pueblos aborígenes. La distancia entre el observador (implícito en la perspectiva) y el evento representado genera una sensación de voyeurismo, invitando a la contemplación pero también a la reflexión crítica sobre las implicaciones éticas de la representación artística. El paisaje, aunque exuberante, se siente opresivo, como si la naturaleza misma estuviera protegiendo un mundo que está siendo invadido.