Kunsthistorisches Museum – Hans Vredeman de Vries and Hans von Aachen -- Annunciation
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Aquí se observa una composición arquitectónica de notable complejidad y artificio. La escena se desarrolla en un espacio palaciego, concebido como una serie de galerías interconectadas que se abren a perspectivas lejanas e infinitas. El artista ha empleado la técnica del quadratura, creando una ilusión de profundidad considerable mediante el uso de líneas convergentes y una meticulosa representación de detalles arquitectónicos.
La estructura se articula en torno a columnas coríntias de un rojo intenso, que marcan el ritmo visual y delimitan los espacios. El juego de luces y sombras acentúa la plasticidad de estos elementos, otorgándoles una presencia casi escultórica. Se aprecia una marcada simetría en la disposición de las galerías, aunque esta se ve sutilmente alterada por la inclusión de figuras humanas a menor escala que aparecen en el fondo, insinuando una vida cotidiana dentro del palacio imaginario.
En primer plano, una figura femenina, vestida con ropajes ricos y de un tono verdoso, se encuentra arrodillada sobre lo que parece ser una plataforma o balcón. Su postura sugiere devoción o contemplación, aunque su rostro permanece oculto, impidiendo una conexión directa con el espectador. La presencia de esta figura introduce una narrativa humana en la grandiosidad del escenario arquitectónico, sugiriendo quizás un momento de intimidad dentro de este espacio público y monumental.
El uso de la perspectiva aérea es notable; los edificios que se ven a lo lejos se desdibujan progresivamente, creando una sensación de inmensidad y distancia. La luz, aunque aparentemente uniforme, parece provenir de múltiples fuentes, contribuyendo a la atmósfera irreal y onírica del conjunto.
Subyace en esta obra una clara intención de exaltar el poder y la magnificencia. El palacio no es un lugar real, sino una construcción idealizada que refleja los valores de la época: orden, armonía, riqueza y devoción religiosa. La figura femenina, aunque pequeña en comparación con la arquitectura circundante, se erige como un punto focal, posiblemente representando una virtud o una intercesora divina dentro de este contexto palaciego. La composición invita a la reflexión sobre la relación entre el hombre y su entorno construido, así como sobre la naturaleza ilusoria de la realidad percibida.