Kunsthistorisches Museum – Maerten van Heemskerck (1498-1574) -- Triumph of Silenus
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La paleta cromática es rica en tonos cálidos: ocres, dorados, rojos y marrones predominan, intensificando la sensación de opulencia y vitalidad. El uso de la luz no es uniforme; hay zonas iluminadas que resaltan los cuerpos musculosos y las expresiones faciales, contrastando con áreas más sombrías que sugieren profundidad y misterio.
En el centro de la composición, una figura imponente, sentada sobre un carro tirado por criaturas fantásticas (posiblemente leones o esfinges), parece ser el eje central del festín. Su presencia irradia autoridad y dominio, aunque su expresión es ambigua: podría interpretarse como benevolente o simplemente indiferente al caos que lo rodea. A su alrededor, la multitud se agita en una danza frenética, con algunos personajes participando activamente en el jolgorio mientras otros parecen observadores pasivos.
En el fondo, se vislumbra un paisaje urbano con edificios de estilo clásico, incluyendo un templo o edificio público con columnas. Esta inclusión sugiere que el cortejo no tiene lugar en un entorno natural salvaje, sino en una ciudad civilizada, aunque la naturaleza desenfrenada del festín parece desafiar las convenciones sociales y morales.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una alegoría de los placeres terrenales y los excesos humanos. La exuberancia física y el abandono a la moderación sugieren una crítica implícita a la rigidez moral o una celebración de la libertad individual, aunque también podrían evocar las consecuencias negativas del libertinaje. La presencia de figuras oscuras entre la multitud introduce un elemento de ambigüedad; su papel es incierto, y podrían representar tanto sirvientes como participantes activos en el festín, añadiendo complejidad a la interpretación general. La yuxtaposición de lo clásico (la arquitectura) con lo salvaje (el cortejo desenfrenado) genera una tensión visual que invita a la reflexión sobre la naturaleza humana y sus contradicciones.