Kunsthistorisches Museum – Antonio de Pereda -- Allegory of Vanity
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Aquí se observa una composición densa y simbólica, organizada sobre un soporte oscuro que acentúa la luminosidad de los objetos representados. La escena se articula en torno a una figura central femenina, con un semblante melancólico y mirada dirigida hacia abajo, envuelta en un manto rojizo y adornada con alas prominentes. Su postura transmite una sensación de resignación o contemplación ante el conjunto de elementos que la rodean.
El primer plano está ocupado por una acumulación de objetos que sugieren la fugacidad de los placeres terrenales y la inevitabilidad de la muerte. Destacan dos cráneos, un libro encuadernado en cuero, una armadura oxidada, instrumentos musicales rotos, una balanza desequilibrada, cartas de juego esparcidas y monedas dispersas sobre una tela carmesí. Estos objetos, típicos del vanitas, aluden a la vanidad de la riqueza, el poder, los estudios, las artes y los juegos. La presencia de un candelabro con una vela consumiéndose refuerza aún más esta idea de transitoriedad.
En segundo plano, se aprecia un globo terráqueo, que simboliza el mundo y sus ambiciones, junto a una estructura arquitectónica compleja que podría representar la ostentación y las aspiraciones humanas. Un retrato ovalado incrustado en el globo añade una capa adicional de significado, posiblemente aludiendo a la fugacidad de la belleza o a un personaje específico cuya vida ejemplifica los temas centrales de la obra.
La iluminación es contrastada, con focos que resaltan ciertos objetos y sumen otros en la penumbra. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera de misterio y reflexión, invitando al espectador a considerar la fragilidad de la existencia humana frente al paso del tiempo y la muerte. La paleta cromática, dominada por tonos oscuros y terrosos, acentúa el carácter sombrío y moralizante de la composición.
En general, la obra parece transmitir una advertencia sobre los peligros de aferrarse a las posesiones materiales y los placeres efímeros, instando a la reflexión sobre la verdadera importancia de la vida y la necesidad de buscar valores más duraderos. La figura alada, aunque sugiere una conexión con lo divino, no ofrece consuelo alguno; su expresión refleja una aceptación resignada del destino final que aguarda a todos los mortales.