Kunsthistorisches Museum – Cigoli -- Pietà
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El hombre, desnudo parcialmente, exhibe signos evidentes de sufrimiento: su rostro está relajado en una expresión de dolor final, sus extremidades se disponen de manera torpe y su cuerpo presenta marcas que sugieren haber padecido un castigo severo. A sus pies, se aprecia un pequeño círculo tejido, presumiblemente la corona de espinas que le fue impuesta.
La mujer, ataviada con una túnica roja y azul, sostiene el cuerpo con una expresión de profunda tristeza y resignación. Su rostro, enmarcado por cabellos oscuros, irradia una mezcla de dolor maternal y aceptación del destino trágico que se desarrolla ante sus ojos. Un halo dorado rodea su cabeza, indicando su naturaleza sagrada.
A la derecha de la composición, dos figuras adicionales completan el conjunto: un hombre con barba rojiza y turbante, posiblemente José de Arimatea, y una figura angelical femenina, que sostiene lo que parece ser un objeto ritualístico – quizás un paño o una herramienta para ungir el cuerpo. La presencia del ángel introduce una dimensión espiritual a la escena, sugiriendo la trascendencia del sufrimiento humano.
La composición se articula en torno a líneas diagonales y curvas que contribuyen a generar una sensación de movimiento y tensión emocional. El uso del claroscuro es particularmente efectivo para dirigir la atención del espectador hacia el cuerpo central y enfatizar su vulnerabilidad.
Subyace en esta representación un profundo sentimiento de compasión y dolor, así como una reflexión sobre el sacrificio y la redención. La disposición de los personajes y sus expresiones faciales sugieren una narrativa de pérdida y duelo, pero también de esperanza y consuelo espiritual. El contraste entre la desnudez del cuerpo yacente y la vestimenta de la mujer refuerza la idea de fragilidad humana frente a un poder superior. La corona de espinas, símbolo de sufrimiento y humillación, se convierte en un elemento clave para comprender el contexto narrativo de la obra.